La mujer y su función

El amor de una mujer hacia su marido debe ser siempre puro. Porque muchas mujeres se casan con hombres por intereses económicos: ya sea para que el esposo las mantenga en sus necesidades corporales, materiales; ya sea para conseguir algo para pasar la vida; ya sea por otras razones en las que siempre está en juego lo económico.

La mujer debe buscar al hombre para formar con él una familia estable. En esa familia habrán hijos. Y esos hijos deben ser educados según las leyes de Dios. Esto debe ser así, pero esto es lo que menos se hace.

Muchas mujeres van al matrimonio con otros ideales que formar una familia. Son muy variados esos ideales, que generalmente son incompatibles con la formación de la familia.

La mujer puede trabajar, la mujer puede estudiar, la mujer puede hacer muchas cosas, pero siempre estará sometida a su maternidad. Lo primero en ella es ser madre. Y todo lo demás debe acomodarse a esa maternidad. Porque la mujer se define como madre, no como persona que trabaja, o que estudia, etc. La mujer es madre. Y todo va bien si la mujer cumple con su función.

Pero muchas mujeres olvidan lo que son, y entonces se convierten en hombres, porque quieren realizar lo propio del varón. Y confunden, por tanto, una cosa con la otra.

En la mujer está el amor. Esto supone que ella debe descubrir ese amor para poderlo dar a los demás, especialmente al hombre. La mujer enseña al hombre a amar, pero esto supone que la mujer antes ama. Porque no se da lo que nunca se ha dado por desconocerlo. Una vez que se conoce, entonces se da.

La mujer que ama pone al hombre al frente de la familia, porque sabe que él es la cabeza. En él Dios ha puesto su Voluntad y, por tanto, sabe que obedeciendo al hombre, la mujer construye bien su familia. Pero la mujer que ama a un hombre que no sabe ser cabeza, entonces le dirije hacia la verdad poniéndose ella como cabeza, sin serlo.

Una mujer que tiene un hombre que se pierde en el pecado, sabe que ese hombre no puede ser cabeza. Entonces, ella es la cabeza. Pero no se impone en la familia. Sino que sabe ser cabeza sin mandar. Deja al hombre que diga, pero como sabe que algunas veces el hombre manda mal, por el pecado, ella debe rectificar eso poniendo la verdad. Esto no significa enfrentarse al marido, sino hacerle ver que se equivoca en ese mandato. De esta forma, ella es cabeza cuando la cabeza no sabe mandar. Pero ella no se pone como cabeza, sino que corrige con dulzura los errores de la cabeza. La cabeza, que es el hombre, es siempre cabeza. No le quita al hombre su puesto, sino que le ayuda a ser verdadero en su puesto. Esto es muy delicado en la relación de familia, y muchas mujeres no lo saben hacer bien. Por eso, hay muchos enfrentamientos entre mujer y hombre. Porque ambos pierden sus papeles y no saben corregir bien los errores del otro. Cada uno en su puesto debe ayudar al otro a realizar su función. Si esta ayuda del uno al otro no se realiza, al final el matrimonio y la familia se autodestruyen.

La mujer es la que más sufre en el matrimonio y en la vida familiar. Y no sólo por ser madre y traer hijos al mundo. Sino porque ella se da cuenta enseguida, por su instinto de mujer, de los problemas de su esposo.

Un esposo dado al pecado hace del matrimonio y de la familia un infierno. Y esto la mujer lo sufre, tanto en su carne como en su espíritu. No es agradable estar con un hombre que constantemente usa a su mujer como un objeto de placer. Un hombre que sólo quiere penertar y derramar, pero que carece de cariño, de delicadeza, de amor; un hombre que busca en el sexo siempre cosas que no se pueden hacer; un hombre que, aun siendo trabajador, es sin embargo, carnal… y muy carnal.

La mujer, en su contacto con el hombre, al punto se da cuenta de cómo es el hombre. Si el hombre sólo busca saciar su apetito sexual, la mujer al final aborrece a ese hombre, porque no encuentra en él ningún placer. Si el hombre busca el sexo pero de formas no comunes, también la mujer acaba cansándose de ese hombre. El hombre carnal, al final, es aborrecido por la mujer. Porque la mujer va buscando en el hombre lo que ella no tiene. Ella tiene el amor, pero le falta para ser feliz lo que tiene el hombre.

El hombre tiene en su sexo la vida. Por eso, el hombre es activo en su sexo. La mujer, en su sexo, necesita la actividad, porque ella es pasiva en el sexo. Ella puede sentir sensaciones en su sexo, pero no sabe lo que es tener un sexo activo como el hombre. Entonces, la mujer busca al hombre para ser activa en el sexo. Esto se debe entender así: el sexo de la mujer está hecho para la maternidad.

La mujer es activa en el sexo cuando en su sexo se produce la maternidad. Eso es lo que le hace feliz a una mujer. También está la parte sexual. Es decir, ella desea la penetración del varón para ser activa, junto con el varón, en el sexo. Pero esta actividad sexual en la mujer debe culminar en la maternidad. Porque eso es lo que a ella le hace feliz: tener un hijo, ya que está hecha para eso.

Toda mujer que aborrece la maternidad está yendo contra lo que es ella misma, y está negando su sexo. Muchas mujeres buscan el placer sexual pero sin la finalidad del hijo. Podrán gozar de ese placer, pero en el fondo se quedan con un vacío. Porque la mujer ha sido hecha en su sexo para algo más que sentir un placer sexual. Ha sido hecha para ser madre. Y esto supera toda relación sexual por el mero placer.

Si la mujer se queda en el placer carnal, se hace carne, como el hombre, y no pone en juego lo que es ella: amor.

La mujer debe descubrir lo que es. Cuando lo hace, se pone en su puesto y no tiene miedo de nada, porque tiene a Dios que la conduce hacia la verdad de lo que es ella.

Muchas mujeres no saben lo que son porque se mueven por otros caminos, queriendo ser lo que no son. Y entonces ellas se pierden y pierden  a los hombres. Porque sólo buscan en ellos lo carnal, y no la vida que hay en ellos.

Cuando el amor que hay en una mujer se une a la vida que hay en un hombre, entonces el fruto es siempre la verdad. Y se hace una familia que camina en la verdad. Y una soceidad que anda tras la verdad. Y un mundo iluminado siempre por la verdad.

Pero cuando en la mujer está el placer carnal, y en el hombre está la muerte, entonces el fruto de eso es siempre la mentira. Y todo se construye para la autodestrucción.

El hombre es mentira cuando su semen lo derrama fuera de la vagina de la mujer. O cuando utiliza preservativos. O cuando se esteriliza para no tener hijos.

Y la mujer es carne cuando impide de todas las maneras posibles el hijo en sus entrañas. Entonces, la mujer es sólo un objeto sexual. Y se muestra así al hombre. Y esto la hacer ser infeliz.

El hombre y su función

Si el hombre no busca a la mujer por amor, entonces la busca en la carne. Y entonces el hombre deja de entender que ha sido creado para amar.

Dios quería del hombre el amor, pero para eso creó a la mujer. Porque el hombre no era amor, sino que él tenía otra función.

En él Dios puso la vida, pero esa vida no podía comunicarla a nadie. Y entonces Dios creó a la mujer para que el hombre pudiera dar esa vida a la mujer.

Pero el plan de Dios era que esto fuera hecho por amor. Pero el hombre no comprendió los designios divinos. Y entonces pecó con la mujer. Es decir, se unió a ella carnalmente, pero sin amor. Desde ese momento, el hombre busca a la mujer siempre movido por el deseo de la carne, no por el amor.

En el plan de Dios, el hombre estaba destinado a dar la Palabra de Dios. Por eso, en el hombre predomina la razón, la inteligencia, el saber. Pero esto con el pecado hizo del hombre un ser soberbio, orgulloso, presuntuoso. Y, por eso, el hombre no sabe amar porque se guía desordenadamente por su razón. Y lo que dicta su razón eso hace. Y lo que no dicta su razón, eso no lo hace. A esto se le llama soberbia. Y entonces en la soberbia, el hombre no puede amar, porque es guiado por el desamor.

El hombre fue creado por Dios para la mujer. Pero la mujer, en el plan de Dios, era el amor. Ella no es la razón. En ella no predomina el saber. Esto no significa que ella carezca de inteligencia. La tiene. Pero en ella predomina el amor. Y el amor da una inteligencia superior a la que se adquiere con la razón. Por eso, la mujer comprende más que el hombre. Y está más en sus cabales que el hombre.

El amor es la inteligencia del espíritu. Y esto significa que quien ama es guiado por Dios en su espíritu. Ya no es guiado por la razón, sino que la razón aprende las cosas por medio del espíritu. En su espíritu humano recibe el hombre de Dios la enseñanza para que se mueva según lo quiere Dios.

Por eso, la fe está en dejar de razonar y en ser enseñados por Dios en el espíritu. Este es el paso que todo hombre debe dar si quiere caminar seguro en medio de esta oscuridad. Porque solemos guiarnos en todo por la razón. Pero esa razón no está iluminada por la fe, es decir, por el Espíritu divino. Y el hombre se pierde inevitablemente. Porque con la razón no capta ciertas cosas de él mismo, sino que en él se producen oscuridades que la razón no puede resolver.

En la cuestión sexual, la razón no entiende algunas cosas porque la razón no penetra en el espíritu.

El sexo es algo espiritual. Es decir, el cuerpo tiene un sexo, unos órganos sexuales. Pero estos órganos son en función de lo que hay en el alma de la persona humana.

El hombre está en una carne masculina. Sus órganos genitales son porque el hombre es hombre en el espíritu. Entonces, en los órganos genitales del hombre se encuentra el semen. El semen es la vida que Dios ha puesto en el hombre para formar otras vidas. Este semen se da a la mujer de una forma no común. Es decir, para darla el hombre debe penetrar a la mujer y derramar allí, dentro de ella. De esta forma, el hombre da la vida que Dios le ha puesto, y la mujer recibe esa vida para que nazca de esa unión un hijo.

Este proceso requiere que el hombre sea hombre, y la mujer, mujer. Es decir, en el hombre está la vida. Luego, el hombre es vida. La vida es siempre activa, nunca está muerta. Por eso, al hombre le gusta más estar en movimiento, estar en activo. No le gusta estar pasivo, sin hacer nada.

Pero al hombre le gusta la actividad de diferentes maneras, pero siempre utilizando su mente. Con su mente, el hombre penetra en las cosas. Su sexo penetra. También su mente. Por eso, en el hombre está la razón que penetra. La razón que analiza, que sistematiza las cosas. La razón que crea, la razón que organiza. Esto es el hombre en lo espiritual. Y en lo carnal, refleja lo que es el hombre. Antes está lo espiritual, después lo carnal. Dios crea el cuerpo del hombre según es el hombre en el espíritu.

Cuando el hombre penetra con su razón las cosas, pero movido por el amor, entonces el hombre está amando, porque está dando la verdad. La razón es guiada por el amor hacia la verdad. El hombre descubre la verdad y la manifiesta. Y en esto está amando.

Con su sexo hace lo mismo. Cuando el hombre penetra a la mujer con su sexo movido por el amor, entonces está amando a la mujer. Si lo hace sólo movido por el deseo carnal, entonces no la ama, sino que la usa como objeto de carne.

Y cuando el hombre penetra con su razón las cosas, pero movido por otros intereses, no por el amor, entonces el hombre ya no da la verdad, sino que obra la mentira.

Esto es el hombre. Y debe entenderse de esta manera para que él aprenda a usar de su sexo como conviene al hombre.  Sin este uso correcto, el hombre sólo se pierde en el laberinto carnal, porque va a utilizar su sexo para el mal. El hombre está más dispuesto, por el pecado, a usar del sexo de forma desordenada. Porque tiende a penetrar. Y entonces lo quiere penetrar todo: mujeres, hombres, animales.

Esta es la encrucijada del hombre que se desconoce a sí mismo. Muchos hombres perecen en el sexo porque desperdician la vida que Dios ha puesto en ellos. No acaban de comprender esa vida. Es una vida sagrada, porque todo cuanto Dios crea es sagrado, es algo santo. El hombre y la mujer, en el sexo, son recintos sagrados en donde se va a formar una nueva existencia. Ese nuevo hijo tiene un alma creada por Dios. En ella va a vivir Dios de una manera excepcional. ¡Y cuántos matan esa vida por no entender bien para qué sirve el sexo!

Si el sexo sólo se usa por placer, entonces el hijo no tiene ninguna relevancia. Es algo que molesta. Y, por eso, se le aborta.

Pero si el hijo tiene su valor como fruto de lo que Dios ha puesto en el hombre y en la mujer, entonces la persona humana adquiere el valor de lo sagrado. Porque donde está la vida, allí está la perfección del amor. Y esta perfección apunta a la santidad de Dios. Dios es santo porque es Amor. Pero Él no puede crear nada sin imprimir en lo que crea el sello de su santidad. Por eso, el aborto es un crimen que va contra el amor de Dios, ya que destroza lo sagrado que Dios ha puesto en el hombre y en la mujer.

El cuerpo humano y la persona humana

En el campo sexual las almas deconocen muchas cosas que le conciernen a sus cuerpos.

El cuerpo está hecho para esconder el alma. Pero el cuerpo tiene otra función: es la de traer hijos al mundo. De otra forma no se podrían traer.

El sexo es el centro de la persona humana, porque en el sexo Dios ha puesto el mecanismo de la persona. La persona nace con un sexo, es decir, nace según ese sexo. Y, por eso, nadie puede ser de otro sexo diferente del que ha nacido. La maldad del hombre quiere concebir hoy día hombres y mujeres en laboratorio. Quiere cambiar los sexos. Y eso es imposible. Aunque se cambie exteriormente el sexo, la mujer sigue siendo mujer y el varón, varón.

La persona humana es lo que es según el sexo con que nazca. El hombre nace con su sexo. Y ese es el centro de la persona humana en el hombre. Su sexo: su pene, sus testículos, etc. Si esto falta por un trasplante, el hombre no deja de ser hombre, porque el sexo significa que marca al alma en lo que es según el cuerpo. El hombre es hombre por su sexo y nunca va a ser mujer porque no tiene los órganos propios de la mujer, aunque en el laboratorio se pueden crear más o menos, pero nunca será mujer. Si el hombre no acepta su sexo, nunca será persona humana. Porque no quiere asumit lo que es.

El hombre no puede ser mujer. Ni la mujer, hombre. El centro de la mujer es su sexo. su vagina, su aparato para reproducir nuevas vidas, etc. Y la mujer debe aceptar su sexo para ser mujer y, por tanto, persona humana.

La persona humana se reconoce por su sexo.  Y sin sexo, no existe la persona humana. La persona humana es una persona con un cuerpo, ta sea de hombre, ya sea de mujer. La persona divina es una persona sin cuerpo, sólo con espíritu. La persona angélica es una persona sin cuerpo, sólo con naturaleza angélica.

Un hombre no puede ser Dios ni ángel. Pero Dios puede ser Hombre, como lo es en Jesús. Porque Dios puede hacer esto.

Un hombre no puede ser ángel. Pero un ángel puede vestirse de hombre. Pero sólo aparecer con un vestido de hombre para que así el hombre lo vea.

El hombre que no quiere ser hombre es lo más opuesto al hombre. Y la mujer que no quiere ser mujer es lo más opuesto a la mujer.

El hombre es hombre porque tiene cuerpo de hombre. Eso es el centro del hombre. La mujer es mujer porque tiene cuerpo de mujer. Este es el centro de la mujer.

Y cuando el hombre quiera ser mujer y la mujer, hombre, entonces perdieron lo que son: persona humana.

La persona humana tiene un cuerpo humano. Este cuerpo es para ella, no para otra persona. De ahí que no exista la reencarnación. Hay un cuerpo para un alma. No hay un cuerpo para muchas almas.

El cuerpo está hecho para una sola alma. Ese alma recibe un cuerpo de hombre o de mujer, según lo que Dios ha creado.

Dios crea un alma masculina o un alma femenina. Es decir, Dios crea un alma para un cuerpo masculino o un alma para un cuerpo femenino.

El alma es siempre alma, pero el alma necesita un cuerpo. El alma no puede estar sin cuerpo. Y el alma está en su cuerpo. No puede estar en otro cuerpo diferente al suyo.

Estas cosas tan elementales que estamos diciendo, hoy día no se tienen como tales. Simo que hay mucha confusión y, por eso, se llegan a decir auténticas barbaridades en este tema.

Por ejemplo, el matrimonio sólo puede ser entre hombre y mujer. No existen otros tipos de matrimonios: entre hombre y hombre; entre mujer y mujer; entre hombre y animal; entre mujer y animal, etc. Si existen es sólo porque el hombre es malo. Es por su pecado, no porque en realidad se den.

El cuerpo del hombre está hecho para el cuerpo de la mujer. Y al revés. Pero el cuerpo del hombre no es para el cuerpo de otro hombre. Y el cuerpo de la mujer no es para el cuerpo de otra mujer.

El hombre y la mujer están hechos para sí. Es decir, un hombre es para una mujer. Y una mujer es para un hombre. Es por eso que el matrimonio siempre ha existido, desde que el hombre es hombre. Pero el hombre no lo ha comprendido.

Dios creó a Adán y a Eva. Creó un hombre y creó una mujer. No creó un hombre y después otro hombre. Primero creó un hombre y después a la mujer.

Luego, el hombre se va a unir a la mujer porque encuentra en ella lo que le hace falta a su cuerpo humano.

El cuerpo del hombre está incompleto. Necesita otro cuerpo para ser feliz. Es el cuerpo de la mujer.

El cuerpo de la mujer está incompleto. Necesita el cuerpo del hombre para estar en la verdad plena referente a su sexo.

El sexo masculino es una verdad, pero no toda la verdad sobre el sexo. Al igual, el sexo femenino.

El hombre no se realiza plenamente sin la mujer. Y la mujer no alcanza su perfección sin el hombre. Por eso, la maravilla del matrimonio. Es la maravilla de la perfección humana.

El hombre necesita siempre casarse con una mujer. No puede estar sin mujer. Al igual, la mujer. No puede estar sin hombre.

Pero este casarse se puede entender de dos maneras. Hay un matrimonio físico, carnal. Y otro espiritual.

La media naranja que se dice es para conseguir un hombre o una mujer para un matrimonio físico. Pero también existe la media naranja en lo espiritual.

Un hombre, aunque no se case, necesita de una mujer. No para constituir una familia, no para acostarse con ella. Es porque así ha hecho Dios al hombre: él es infeliz si no tiene a una mujer, incluso en lo espiritual. En este caso, el hombre encuentra la mujer, pero para el terreno espiritual, no para el terreno carnal. Por eso, existe el matrimonio espritual.

Porque una mujer nunca puede estar sola en el campo religioso, ni un hombre. Necesitan el uno del otro.

Lo que el hombre encuentra en el cuerpo femenino para su carne, así también en el alma femenina lo encuentra para su espíritu.

Y lo que la mujer encuentra para su carne en el cuerpo masculino, también para su espíritu lo encuentra en el alma masculina.

Pero este tema será tratado con más profundida después.

Ahora lo que importa que se entienda es que el sexo es el centro de la persona humana. Y sin sexo no hay persona humana. El hombre se degrada a otra cosa. Ese es el trabajo del demonio en el hombre.

Amor y deseo carnal

El problema central en una pareja no es tanto el aspecto sexual, sino el aspecto espiritual.

Hombre y mujer, además de unirse en el cuerpo, deben hacerlo en sus espíritus. Y esto es lo más difícil. Porque para esta unión espiritual, hace falta un acercamiento de los dos a Dios. Y Dios es quien los une en lo espiritual.

Muchos matrimonios están separados espiritualmente aunque vivan carnalmente. Y aquí está el origen de todos los males de la familia.

La familia que busca sólo lo material entonces acaba por destruirse. Este es el camino que lleva el demonio a tantas almas: buscan lo carnal, lo material, el aspecto humano, descuidando totalmente lo espiritual.

Si no se tiene a Dios, entonces el aspecto sexual es muy difícil llevarlo bien entre un hombre y una mujer. Porque la persona que ama no es la que desea carnalmente. Y la que desea en la carne, ya no está amando.

Generalmente, la mujer tiende más al amor y el hombre al deseo carnal. Y entonces en la unión sexual las cosas no pueden salir bien. Porque el que desea en la carne busca la carne para su placer en la carne, y se olvida de amar, de entregarse a la otra persona para hacer feliz a ella, no para se él feliz. Y entonces la carne se convierte en un objeto para el que desea carnalmente. Y no solamente busca su pareja para el deseo carnal, sino también otras cosas, porque vive para eso.

Pero la persona que ama, convierte el deseo de la carne en amor. Y aunque goza con la carne, su objetivo está en amar a la otra persona, aunque ella no experimente todo el placer en el encuentro sexual.

En ese encuentro se ven las personas como son: unas son muy carnales, otras espirituales. Y cada persona debe corregir su tendencia hacia la carne, porque es algo que todos llevamos, con la tendencia que pone el amor.

El amor hace que la persona use el sexo no con sólo el deseo propio de la carne, sino también buscando un bien para la otra persona.

La persona que ama hace feliz al otro en el sexo, aunque a ella no le apetezca en ese momento ningún acto sexual. Pero porque ama, se somete a los deseos de la otra persona.

Pero la persona que no ama, el encuentro sexual es sólo motivo para buscar un placer en ella misma, sin atender a los deseos de la otra parte. Si se tienden, entonces eso ya no sería deseo carnal sino amor. Pero generalmente esto no se da. Porque quien busca carne, con la carne se encuentra. Pero quien busca amor en la carne, entonces hace de su carne instrumento para amar. Y esto es lo difícil de entender y de captar.

Muchas personas confunden el amor con el deseo carnal. El deseo carnal es sólo buscar carne. Y nada más. Y entonces uno va buscando todo tipo de cosas: películas, fotos, imágenes, actos impuros, mujeres, hombres, animales, objetos para el sexo, etc.

Pero el amor busca el bien de la otra persona a través del sexo. Y entonces se olvida de su deseo carnal y él da amor, aunque él no sienta nada en la parte sexual. A veces, puede sentir cierto sufrimiento en su sexo porque la otra persona la usa como un objeto y no con amor. Pero esto lo lleva con paciencia, sabiendo que quien ama nunca peca, así el otro esté pecando con su deseo carnal.

Muchos matrimonios no se saben amar, porque tienen miedo al amor y se dedican sólo a ser objeto sexual de la otra parte.

Por eso, los matrimonios deben aprender a amarse cuando hacen el acto sexual. No convertirlo en algo que es propio de la carne, sino meter en eso el amor. Y aquí está el trabajo de ambos. Y el aprendizaje de usar el sexo pero con amor.

Pero esto sin Dios es imposible hacerlo. Somos tan carnales que pronto nos olvidamos de amar y nos entregamos al deseo carnal.

Amor: sentimiento espiritual

El amor es sentimiento espiritual.

Es un algo que se recibe en el espíritu humano, no en la carne, pero que la carne puede sentirlo, porque lo que está en el espíritu pasa al cuerpo por la unión que hay entre cuerpo y espíritu.

Pero entonces no hay que dejarse mover por lo que se siente en el cuerpo, sino en el espíritu.

Uno puede sentir el amor de Dios en el espíritu y entonces en el cuerpo sentir como una especie de sensación en el sexo. Pero no hay que dejarse arrastrar por esa sensación carnal, sino por lo que se recibe en el espíritu. Cuando se sienta esa sensación carnal solamente no hay que hacer caso, no hay que turbarse, no hay que perder la paz: Hay que seguir amando en el espíritu.

Solamente Dios puede quitar la sensación en el cuerpo cuando da su amor. Pero si Él no lo quita, el alma no debe preocuparse, porque ella no puede quitarlo. Es algo que Dios quiere que ocurra en ese momento. El alma debe centrarse en el amor que recibe en su espíritu y entonces todo marchará bien.

Dios deja esa sensación porque todavía el cuerpo no está del todo purificado. Pero eso Dios lo sabe, y el alma debe aceptarlo. Hay almas que se turban mucho por lo que sienten en sus cuerpos cuando Dios las ama. Dios nos ama y sabe que tenemos un cuerpo corrompido, no apto para seguir en todo al amor divino. Sin embargo, Dios lo va purificando para que la persona pueda amar también con  su cuerpo a los demás.

Este amar con su cuerpo significa que la persona va a expresar con su cuerpo, gestos, movimientos, etc., el amor de Dios. Esta expresión es espiritual, pero realizada con el cuerpo. Y aquí está la maravilla del amor divino: es algo espiritual pero que cabalga por lo material. Para que cabalgue bien, entonces el cuerpo debe ser purificado. Y hasta que no se purifique se van a sentir ciertas sensaciones propias del espíritu que está en el cuerpo.

El cuerpo, al no poder moverse como el espíritu, se mueve como lo que es: cuerpo. Es decir, se mueve carnalmente. Pero lo mueve el amor. Y entonces ese movimiento es bueno.

En el cielo, no estaría ya lo carnal porque el cuerpo estará espiritualizado. Pero aquí en la tierra todavía no está. Y no hay que asustarse por estas cosas.

Cuando una mujer ama a un hombre con su cuerpo debe hacerlo con la delicadeza que pone el amor. El amor es tan delicado que trata a la otra persona con mucho respeto. Entonces, cuando se ama un cuerpo, lo hace sin el deseo propio del cuerpo. Esto debe entenderse así: el hombre y la mujer son carne y espíritu. Cuando se aman en la carne, entonces tienden al encuentro sexual. Pero para que se dé este encuentro según la voluntad de Dios, hay que preparar el camino con besos, abrazos, etc. Estos besos, abrazos no son carnales, es decir, se dan no como movidos por el deseo de la carne, sino movidos por el amor.

El amor cuando besa lo hace con tal delicadeza que imprime en ese beso una fuerza espiritual que hace que la persona que lo siente crezca en el espíritu. Y entonces eso le hace ser más apta para el amor. Al recibir el beso, se abre al amor, y ella da también en retorno otro beso de amor.

Por supuesto, para que se dé esto es necesario que Dios esté por medio. Si no está, es muy difícil esta inteligencia espiritual.

Dios quiere este encuentro íntimo del hombre y de la mujer, pero guiado por Él mismo. Porque el hombre y la mujer no saben hacerlo. Pero cuando ambos se disponen a que Dios les mueva, entonces todo es fácil. Por eso, esto es lo más difícil de conseguir en una pareja.

Hoy las parejas son muy carnales y no comprenden esto. Hay que dejar de ser carnales para poder penetrar qué es lo que Dios quiere de los matrimonios en la cuestión sexual.

La belleza espiritual de la mujer

La mujer está hecha para amar, porque Dios ha puesto en ella el amor. Amor significa hacer de la mujer un ser que busca el bien para los demás.

La mujer busca el bien de traer un hijo a la vida. Es un bien, no de ella, sino de esa persona que va a nacer.

La mujer busca agradar a su marido contentándole en todas las cosas. Es un bien para su marido, no para ella.

La mujer busca el bien de su familia, cuidando a sus hijos y educándoles en la religión católica, dándoles la fe y el amor de Dios. Esto hace la mujer porque es amor.

La mujer hace  esto sin esfuerzo, porque la mueve Dios a hacer esto. Esto no significa que la mujer en este amor no busque un placer corporal. Tambíén lo busca, pero movida por el amor.

La mujer ama. Todo su cuerpo es para manifestar el amor. Su alma es amor, su corazón es amor. Pero la mujer debe conocer que es amor. Si no lo conoce, entonces la mujer se pierde en su belleza corporal.

Muchas mujeres creen que para amar a un hombre hay que enseñar su cuerpo al hombre. Y esto es un engaño. Porque la mujer que enseña su carne no movida por el amor entonces es carne y no amor.

De esta manera, muchas mujeres se pierden en el encanto de sus senos y de su vagina, en la belleza de su cuerpo, en su delicadeza, en presentarse apta para ser manoseada por el hombre. Muchas mujeres son objetos para los hombres, pero por causa de las mismas mujeres, no por el hombre que utiliza mal su sexo.

La mujer, cuando no conoce lo que es, ella misma se hace objeto sexual. Ella empieza lo que después el varón continúa en el sexo con ella.

La mujer que confunde el sexo con el amor hace del amor algo carnal. Y el amor es siempre algo espiritual, que no puede ser captado por la carne, pero que la carne puede servir de instrumento para revelar ese amor.

El amor nace en Dios, pero la mujer lo posee porque Dios se lo ha puesto en ella.

En su cuerpo, el amor se manifiesta en su vagina. En ella, el amor crea un espacio para el amor. Cuando la vagina alberga el pene, lo está amando. Cuando la vagina mueve el pene, lo está amando. Cuando la vagina recibe la vida que está en el sexo del varón, entonces lo está amando.

Cuando la vagina hace que el hijo nazca en ella fruto de su contacto con el hombre, está amando al hombre que entregó el semen y al hijo que fue concebido.

Y cuando la vagina se abre para dar a luz a ese hijo, entonces la mujer ama en su centro, porque es madre.

La mujer es siempre madre, aunque no tenga hijos.

Es madre, porque está hecha para eso.

La madre es la que ama. Y una madre no puede nunca no amar. Hay en ella un algo que la mueve siempre a amar, a ser un bien para los demás.

La mujer es amor, pero un amor espiritual.  Su belleza espiritual es la belleza del amor que vive en ella. Y esa belleza espiritual se transmite a su cuerpo. Y por eso, su cuerpo es bello, porque bello es el amor.

Es un amor que Dios pone en lo más íntimo del corazón femenino, y que la penetra en todo su ser.

La mujer es amor porque Dios la ha hecho así.

No es la mujer razón, como lo es el hombre.

La mujer no le gusta pensar sino que le gusta intuir, porque esto es lo que hace el amor: ve sin más, contempla sin razonar. Y por eso, la mujer comprende más que el hombre que sólo razona. Porque su conocimiento nace del amor, no de la razón.

Es lo propio del amor: el amor intuye, no razona.

El hombre razona, y por eso no ama y le cuesta amar. Le cuesta ver y contemplar las maravillas de Dios a su alrededor, porque se pierde en sus razones.

Pero la mujer ama porque ama. Ama porque ve. Ama porque contempla la verdad.

Pero qué pocas mujeres son así, porque el mundo, el demonio y la carne la tiene engañada en aquello que no es amor.

La mujer se empeña en ir contracorriente, en ir contra ella misma. Y se pierde.

La mujer se encuentra en sí misma. cuando quiera asumir lo que hay dentro de ella, entonces havrá comprendido lo que Dios quiere de ella.

La mujer ama sin dejar de hacer el bien a los demás. No así el varón. El  varón para amar necesita pensarlo dos veces y, por eso, deja de hacer un bien.

Pero la mujer esencialmente es amor. Y nadie puede quitarle eso que tiene. Y cuando la mujer descubre el amor, entonces su belleza se transforma en realidad.  Ya no es la belleza física la que impera, es la belleza del amor la que se irradia por todo su cuerpo. Y entonces, la mujer cuando así ama, no produce en el hombre que la mira ninguma turbación, porque éste la contempla en su verdadero rostro: el del amor.

Por eso, se puede mirar a una mujer que ama, sin pecar, porque lo que se contempla no son sus formas físicas, sino el amor que fluye por todo su ser.

Pero pocos hombres saben captar esta belleza porque sus ojos están habituados a ver y desear lo carnal y no a intuir el amor en la belleza física de una mujer.

Una mujer desnuda es la expresión del amor divino. Pero hay que mirarla buscando este amor divino. si no se la mira así, se peca.

Y todavía no ha habido una mujer que se desnude para dar al mundo su amor, porque no ha habido una mujer que conoaca lo que es ella.

Hubo una que fue la Virgen María, pero Ella no enseñó su cuerpo al hombre por el pecado.

Es por eso, que ahora no es lícito ver a la mujer desnuda si Dios no actúa en el hombre. Pero esto es una cosa extraordinaria que Dios suele hacer de vez en cuando.

La mujer es amor. Y este amor nunca se ha entendido ni por el hombre ni por la mujer.

Para entenderlo, la mujer debe ser guiada por el mismo Dios para descubrir en ella el amor. Sin esta guía, ninguna mujer descubrirá nunca la belleza de lo que es.

Ella es de tal belleza que el hombre se quedaría boquiabierto al contemplarla. Pero esto se le niega al hombre en este mundo porque no quiso desde el principio contemplar así a la mujer. Quiso el pecado con ella, quiso el contacto carnal fuera de la voluntad de Dios, quiso penetrarla con su sexo para desbaratar el plan de Dios. Y por eso el castigo del hombre consiste en mirar a una mujer y pecar cuando la mira, porque es lo que quiso hacer siempre: pecar con la mujer, no amar su amor.

Si no hubiera sido así, entonces el hombre descubriría en la mujer otra realidad, le espiritual, marcada por el amor. Y el hombre se le caería la baba contemplando en el cuerpo femenino el amor de Dios.

La masturbación es pecado grave.

La masturbación es un pecado grave que Dios condena, porque la persona que se masturba busca un placer en su cuerpop al margen del amor.

El que se masturba quiere el placer en su cuerpo. Ese placer se consigue de muchas formas, pero la principal es llegar al orgasmo.

El orgasmo, tanto en la mujer como en el hombre, es alcanzar un punto de placer donde el cuerpo destila cierto líquido. Este líquido puede ser semen u otra cosa parecida al semen, pero que no es semen.

La mujer tiene un líquido segregado de su cuerpo parecido al semen, pero que no tiene vida. Ese líquido se saca masturbándose su vagina y ciertas partes de su cuerpo.

Cuando la mujer y el hombre se masturban juntos, entonces intentan llegar a ese orgasmo pero sin utilizar ni la vagina ni el pene. Sino a través de la mano, dedos u otros utensilios que se hacen para esto. Esto es malo porque va contra la naturaleza humana, porque Dios ha puesto el semen y el líquido vaginal para otra cosa que para extraerlo con la masturbación. El semen es vida y el hombre la da a su mujer para fecundar y así tener un hijo. Y el líquido vaginal es para albergar el posible hijo que nazca en el contacto carnal.

El semen se derrama por el orgasmo del pene en la vagina. Entonces, el hombre llega a perder el sentido momentáneamente. Está como fuera de sí, y después de esto, tiende a descansar, a relajarse.

El líquido de la vagina de la mujer se derama por el orgasmo de la vagina. Entonces la mujer llega a su climax y se siente feliz teniendo en ella el pene de su hombre. De esta forma, nace la vida movida por el amor.

Pero en la masturbación no hay amor, hay sólo un placer ilícito que el Señor no quiere. Por eso, va contra la misma naturaleza humana, y acaba por esterilizar tanto al hombre como a la mujer si continuamente se mastruban.

Lo que se hace contra la naturaleza, después con el tiempo, ésta acusa recibo, y por eso, muchos hombres y mujeres tienen enfermedades en su sexo por su masturbación.

El sexo: centro de la persona

La relación de pareja debe ser hecha siempre que uno de los dos lo pida. Porque el cuerpo de uno ya no le pretenece a él sino a su cónyuge.

El cuerpo es el vestido del alma. Y en ese vestido, el alma expresa el amor que posee en su corazón. Lo expresa a través del cuerpo: con besos, abrazos, caricias, contactos carnales.

En esta expresión corporal se manifiesta lo más íntimo que tiene el alma: el amor.

Pero todo eso se puede hacer también sin amor, pero entonces lo que se hace con la carne se queda sólo en la carne. La persona no se siente amada en su cuerpo, sino utilizada, usada como se usa un objeto.

Esta es la duferencia entre lo que hay en el hombre y lo que hay en la mujer cuando se buscan por puro placer corporal: ellos se sienten usados. Gozan por el placer que reciben en su cuerpo, pero se quedan vacíos en el corazón. El amor no se comunicó de uno a otro. Sólo se comunicó el placer corporal, pero sin amor. Eso da lugar a la ruptura de muchas parejas que al principio en la cama son muy buenos, pero con el tiempo se van cansando, porque no existe el amor.

El amor es lo que da validez a toda relación carnal. Sólo el amor. Sin esto, es imposible cualquier acercamiento con el cuerpo.

Muchos hombres y mujeres sólo se aman con ciertos tabúes, con ciertas consideraciones sobre el sexo del otro. Quien sólo va a la cama figurándose que su cónyuge no es apto para más de lo que da, no sabe hacer el amor con su cónyuge.

En la relación carnal, hay que trabajar ambos para hacer feliz a la otra persona. No es suficiente penetraro recibir la penetración y después esperar el derrame. Hay que trabajar con el sexo: ambos a la vez. A veces, no se da esta disposición y los encuentros carnales se hacen por hacerlos, sin emoción, sin descubrir nuevas posturas, nuevas caricias, nuevos abrazos. Los dos deben trabajar para descubrir su orgasmo. si no se hace esto, muchas parejas fracasan o conciben su relación sexual muy pobre.

El sexo es el centro de la persona y, por tanto, es el centro de la relación de pareja. Hay que entender lo que significa ser el centro. Lo principal en la persona es el amor. Pero el amor cuando empieza a actuar busca su centro. En ese centro, el amor pone en movimiento todo lo demás.

El centro de la persona es su sexo. su sexo significa que esa persona se mueve según su sexo. La mujer se mueve buscando siempre al varón para recibir su sexo dentro de ella. Ella desea la penetración siempre. Aunque ya sea una persona anciana, la mujer siempre desea la penetración. Porque su sexo está hecho para eso. La mujer tiene en sí como una caverna con su puerta. Es la puerta de su centro. Por esa puerta hace pasar el pene y lo aloja en su caverna. su caverna es para hacer la vida, para desarrollarla, para albergar un hijo. Lamujer es madre siempre. tiene en ella el deseo de la maternidad. Aunque nunca haya tenido hijos, ella siente ese deseo de ser madre.

La mujer encuentra su centro en su maternidad. Cuando ella da a luz, ella está en su centro, ella es otra persona, ella se realiza. Por eso, cuando una persona aborta, entonces esa  mujer ha destruido lo más propio de ella: su sexo, que es amor.

La mujer en su centro produce amor, da amor. Cuando el pene la penetra, entonces ella comunica al varón, a través del pene, su amor. Es un amor que hace que el pene se estire en la vagina y quede satisfecho por haber encontrado su sitio.

El sitio del pene es la vagina, nunca fuera de ella. el pene está hecho para la vagina, para estar dentro de ella. Por eso, es diferente el manoseo del pene por la mano, al manoseo del pene por la vagina. Son dos sensaciones diferentes. Y el placer es distinto. Porque cuando el pene se estira por la vagina, entonces el hombre llega a perder el sentido de la realidad en el orgasmo, porque es tan fuerte ese placer que lo saca fuera de sí por breves momentos.

Pero cuando el pene se estira por la mano, entonces no se llega a ese placer máximo, sino a otro más corto y menos placentero. Pocas mujeres saben mover con su vagina el pene. Por eso, dejan insatisfechos a sus maridos. Y pocos hombres saben penetrar con amor a sus mujeres. Por eso,  las dejan sin orgasmo. El varón debe penetrar a la mujer con delicadeza, entrando en una casa que no es la suya, pero que tiene el permiso de hacerlo. Poco a poco hay que entrar. Se entra y se va sacando, hasta llegar al fondo. El hombre debería aprender a penetrar a su mujer cuando haga el amor con ella. Aquí está el secreto del amor en el varón.

El varón por naturaleza no sabe amar, sino que sólo busca penetrar y derramar en la vagina. Eso no es amor. Para que el hombre ame, debe aprender que su pene es portador de la vida. Pero que la vida se da con amor, no a la fuerza. Por eso, debe penertar con delicadeza la vagina. Debe sacarla con delicadeza. Y así, en estos movimientos, conocer lo que su mujer quiere en esos momentos.

Porque muchas veces la mujer no quiere tanto el movimiento de la penetración, sino sólo jugar con el pene, hacerlo suyo, encontrar en esa unión de pene y vagina otra forma de sentir placer. Y eso no suele hacerse, porque el hombre rápidamente va hacia el derrame.

El hombre debe saber esperar para derramar. Debe conocer las necesidaddes de su mujer y aprestarse a ella. El hombre debe dar gusto a su mujer con su cuerpo y hacer lo que ellla le vaya indicando.

Muchos hom bres no aprenden a amar cuando están con su mujer porque no se prestan a los deseo de su mujer. La mujer es la que manda en la cama. Porque ella tarda más en llegar al orgasmo y entonces ella debe guiar los deseos del hombre. Cuando el hombre se deja guiar, entonces el hombre empieza a amar a su mujer con su pene. Y hasta que el hombre no se preste a esto, el hombre siempre buscará el placer por el placer.

La relación de pareja

La relación sexual entre hombre y mujer se debe entender en Dios. Porque lo que Dios ha puesto en el cuerpo humano son dos formas distintas de amar.

El hombre ama penetrando con su sexo el sexo de la mujer. Y la mujer ama recibiendo y dando el amor.

Pero la mujer recibe el amor, no del hombre, sino de lo que Dios ha puesto en ella. Su sexo significa amor. La vagina de la mujer es el sitio para albergar el pene del varón. Esa vagina es un espacio abierto que contiene todo lo imprescindible para realizar el acto sexual.

El pene se desarrolla y vive en la vagina. Fuera de ella, el pene no tiene lugar, porque ha sido creado por Dios para la vagina.

La vagina es el lugar donde la mujer ama al hombre. Lo ama en su carne. Lo ama dejándose introducir en ella el pene. Cuando esto hace, la mujer da al varón lo propio que éste busca: el placer.

El pene encuentra el placer sólo cuando la vagina lo acaricia y lo mueve. Y entonces el pene está en su sitio, en su centro. A través del pene elvarón siente que su miembro se estira para alcanzar el orgasmo.

El orgasmo nada más que es la culminación del placer sexual. Es lo propio que busca el hombre: derramar, sentir que se derrama dentro de la mujer. Y así él ama. Él no sabe amar de otra forma, sino de ésta: penetrando. Cuando el hombre no penetra a la mujer,  se queda insatisfecho como si le faltara algo. Cuando la penetra, ha llegado al colmo de la felicidad.

Este amor del hombre es egosita en este sentido: busca el placer para él. Por eso, muchos hombres dejan insatisfechas a sus mujeres, porque no buscan el placer para la mujer.

La mujer también llega al orgasmo, pero de una forma diferente al varón. La mujer en su vagina tiene un punto que debe ser tocado por el varón para que ésta alcance el orgasmo. Muchos hombres no conocen este punto, y en su penetración son egoistas.

Para que la mujer llegue a este orgasmo, es necesario que ela esté encima del varón y mueva su pene con su vagina, buscando el punto del orgasmo. Esto se requiere porque sólo la mujer conoce ese punto y sabe conducir el pene hacia ese punto. Esto puede hacerse de otra forma: la mujer echada y el varón introduciendo sus dedos en la vagina. Pero esto no es lo indicado, porque es el pene el miembro para la vagina, no los dedos. Y esto se puede volver muy peligroso para la mujer, porque puede introducir otras cosas en su vagina para conseguir el orgasmo fuera de la relación de pareja.

El sexo es el centro del hombre. Un hombre o una mujer que no conozca su sexo está fuera de su centro. Se mueve en otras coordenadas. Muchos hombres no conocen lo que es su sexo. Ellos creen que deben masturbarse porque su sexo es así, apto para alcanzar este placer fuera de la mujer. Pero esto va contra su sexo. Porque el pene aborrece estar fuera de la vagina. El pene es para la vagina. La vagina es quien l0 mueve y quien le hace alcanzar el orgasmo.

Muchos hombres creen que sus testículos están hechos para estar vacíos. Y, por eso, continuamente se masturban o tienen relaciones con mujeres. Creen sentirse bien cuando están vacíos, porque creen que la carga de semen es como un impedimento para su salud corporal, moral y espiritual. Y esto es un engaño. Porque el semen es la vida que Dios ha puesto en el hombre. Y donde está la vida está la salud. Un hombre cargado de semen es un hombre lleno de vida. Un hombre sin semen es estéril. Por eso, la relación sexual tiene valor cuando el hombre descarga todo su semen en la mujer en varias tandas. Porque no se descarga todo de una vez.  En una relación sexual, el primer contacto es rápido, porque el hombre está lleno. Pero los diversos contactos que se tienen durante esa relación sexual en una noche se van espaciando. De esta forma, el hombre descarga todo y tanto el hombre y la mujer alcanzan el orgasmo y son felices en su relación.

Las parejas solamente en su relación sexual tienen un primer contacto y después no siguen. Es un error. Cuando se tenga la relación sexual, es para disfrutar del sexo mucho tiempo hasta quedar satisfecho. Si no la relación de pareja se va distanciando y al final se deja porque ellos no han sabido amarse como conviene a su sexo. La mujer tarda más en llegar al orgasmo. Por eso, es necesario varios contactos en una misma noche hasta que ella llegue a su orgasmo. Para eso, el hombre debe estar disponible a que su mujer utilice su pene para encontrar el placer en ella. Ella debe aprender a usar el pene en su vagina. Debe introducirlo hasta el fondo y dejarlo ahí y cubrir con los labios de su vagina los testículos del varón. Entonces, en esa forma, mover el pene en su vagina, para encontrar el punto. Esto se debe hacer así para que ella entienda su vagina.

Su vagina alberga el sexo del hombre, todo su sexo. Está hecha para eso. Pero una mujer que sólo se deja penetrar pero que después no juega con el pene, no conoce ni su vagina ni el pene. El sexo hay que conocerlo bien para que en la relación sexual cada uno haga lo que tiene que hacer. El hombre penetra en la mujer. Pero ésta coge su pene y hace con él muchas cosas en su vagina para que ambos se sientan felices.

No importa que al principio de la relación sexual se produzca el derrame pronto. Eso es normal en el hombre que está cargado de semen. Lo que importa es que continuen en el sexo hasta quedar ambos satisfechos. El varón: vacío de todo semen y, por ello, alcanzando su orgasmo predilecto, que es cuando se produce al derramar todo lo que hay en él. El hombre que llega al final de su semen encuentra mayor placer en su acercamiento a la mujer. Y la sabe amar de otra forma, ya no con lo propio de la carne, penetrando y derramando, sino también siendo delicado con su mujer, sabiendo que ella también necesita de ese placer.

La mujer debe considerar que todos los problemas en la relación sexual con el hombre parten de ella. Si la mujer se habitúa a ser penetrada y a no hacer nada más, entonces esa relación se vuelve sosa, estéril, hastía, porque no hay amor que lleve la carne al placer. Pero si la mujer pone en práctica lo que hay en ella, que es amor, entonces todo se hace bien, porque es el amor el que mueve el sexo.

Muchos hombres y mujeres se unen sólo carnalmente, sin amor. Y, por eso, sus relaciones sexuales se convierten sólo en darse un placer en la carne buscando muchas cosas y muchas posturas. Éstas pueden ser válidas pero si actúa el amor. Pero si no hay amor, entonces el sexo se hace a lo bruto: penetrando por penetrar y derramando por derramar. Hay que penetrar por amor y derramar por amor. Si no hay amor, entonces no hay nada.