La mujer es amor. Y eso significa que Dios ha puesto en ella un don que hace que la mujer sea siempre amor. Pero el amor es distinto al deseo carnal.
El deseo carnal es buscar la carne, el placer carnal por el mero placer. No se busca a causa del amor, sino porque se quiere sentir en el cuerpo un placer en la carne.
El contacto de la vagina con el pene produce en la mujer un deseo carnal que hace que la mujer sienta cierto calor en su vagina. Ese calor produce en ella una segregación de líquido. En esa segregación, la vagina se prepara para recibir el esperma del hombre.
La penetración del varón en ella hace que la mujer desee el sexo del hombre. Una mujer carnal piensa siempre en la penetración. No puede captar el amor, porque tiende siempre a usar su carne y la carne del hombre como un objeto. No la usa movida por el amor. No la usa con amor, porque se centra en el deseo carnal.
Para diferenciar una cosa de otra es necesario primero estar con Dios y ser enseñados por Dios a amar. Muchas mujeres no poseen a Dios y preparan sus matrimonios al margen de Dios. Entonces esos matrimonio fracasan, porque están cerrados al amor.
Si la mujer no se abre al amor de Dios, es imposible que el hombre lo haga. El hombre no sabe amar. El hombre recibe el amor de una mujer. Si la mujer no se lo da, el hombre no ama. Esto debe entenderse de esta manera: el amor en una pareja nace de la mujer siempre. Según se comporte la mujer con el hombre, así será la relación entre la pareja. Si la mujer es espiritual, entonces va a encaminar a su marido hacia lo espiritual. Pero si la mujer es carnal, todo se quedará en la carne, porque el hombre buscará a su mujer según lo que es ella, según lo que ella le dé. Si ella le da amor, el hombre captará el amor en ella. Si ella le da carne, el hombre se comportará con su mujer como carne. Por eso, muchos hombres son carnales porque así son sus mujeres. Si la mujer desde el principio del noviazgo trata al hombre, no carnal, sino espiritualmente, entonces estará comportándose con él como ella es: como amor. Y el hombre la respetará en su cuerpo y no se acostará con ella antes del matrimonio. La mujer debe enseñar esto al hombre desde el primer encuentro con él. Si en este primer encuentro, la mujer se insinúa a él carnalmente, entonces el hombre la va a usar siempre como carne y no la va a respetar.
Ya en el matrimonio, la mujer debe seguir enseñando al hombre a amar. Porque el hombre en su sexo tiende siempre al deseo carnal. El deseo carnal en el hombre significa penetrar y derramar. Esto es el hombre en su sexo. Esto es lo que busca todo hombre cuando se encuentra con una mujer. El hombre no entiende de delicadezas, de cariño, de amor. El hombre se convierte en una bestia cuando está en la cama con una mujer. Si la mujer no le enseña a usar el sexo con amor, el hombre lo usará siempre como carne. Por eso, tantos hombres en matrimonios católicos que todavía no han aprendido la lección del amor. Y buscan en la relación con su mujer siempre saciar de una forma o de otra su placer carnal. El hombre si no derrama no estará satisfecho cuando está con una mujer. Por eso, el hombre es tan egoista con la mujer en la relación sexual con ella.
Pero la mujer en la cama es otra cosa. A ella también le gusta la penetración. Pero le acaba cansando una vez que comprueba que allí no hay amor, sino carne. La mujer capta en seguida si el hombre hace el sexo con ella por amor o por deseo carnal. Ella, como es amor, sabe lo que es la delicadeza del amor, los intereses del amor, el cariño del amor. Y cuando no lo siente en su hombre, entonces queda decepcionada y con un vacío. Ella da amor al hombre, pero no recibe amor. Y entonces queda confusa y perpleja.
Muchas mujeres deben comprender que Dios las hizo con este don del amor. Hay mujeres que sabiendo esto, sienten hacia algunos hombres como una atracción sexual. Esta atracción sexual es más fuerte que su fuerza espiritual, que está en ellas. Y entonces caen con ese hombre en la carne. Pero en su interior sienten la fuerza del amor y quieren a ese hombre con un deseo puro del amor. Pero ese deseo ya está mezclado por la caída en la carne. Entonces, ellas deben dejar la carne para rectificar y purificar el deseo que hay en ellas del amor. Si no hacen eso, la carne será más atrayente que el amor. Y entonces se harán carnales y morirá el amor en ellas.
La mujer en su relación con el hombre siente dos atracciones: la sexual y la del amor. Por la primera, la mujer desea la penetración. Pero por la segunda, la mujer desea amar de verdad a ese hombre. Si esta segunda fuerza es más fuerte que la primera, entonces la mujer esperará al matrimonio para acostarse con ese hombre. Pero si el deseo carnal es más fuerte que el amor, entonces inevitablemente caerán en la carne.
Una mujer debe ser fuerte en el amor para dominar la atracción sexual. Pero si la mujer no está con Dios, es imposible hacer esto.
2 respuestas hasta el momento ↓
anarkris // 3 Mayo 2009 a 1:49 |
Está muy interesante lo que dices, y estoy de acuerdo con eso que comentas que la mujer es la que pone la pauta a seguir en la relación.
Pero una cosa, el amor no es un producto que diga, “Consumase antes de….” el amor es simplemente eterno.
Y el amor lo bendice Dios, con o sin la solemnidad
Joseph Myriam // 3 Mayo 2009 a 23:08 |
El amor es eterno porque procede de Dios. Y entonces el amor de un matrimonio que sigue en todo a Dios es siempre el amor de Dios. Pero hay que distinguir entre el amor de Dios que entra en un hombre y una mujer que están abiertos a su acción amorosa y el amor de un hombre y una mujer que, conociendo lo que es Dios, sin embargo, no lo ponen en práctica. Porque el amor supone la obra. No puede darse un amor de Dios en la mentira. Dios no puede bendecir aquello que no es amor. Dios bendice el amor que procede de Dios y entonces cuando la pareja se esfuerza por dejar que Dios entre en sus vidas, la bendición de Dios nace en los corazones de los que se abren. Una pareja que no sea católica, que no se haya casado por la Iglesia Católica puede sentir el amor de Dios, pero ese amor le llevará siempre hacia la verdad. Porque donde está el amor de Dios está la verdad. No hay varias clases de matrimonios. Hay uno solo. Y este solo es el que Dios bendice con su amor. Pero Dios sabe esperar a la pareja que todavía no ha puesto su amor en medio de ellos. Sabe esperar y no por eso ve mal su matrimonio, aunque sea por otra religión. Pero siempre espera la conversión de los corazones para que pueda entrar su Amor. Dios conoce todas las almas, pero Él quiere que todas estén en la verdad. Pero Él no obliga nadie a seguir el camino de la verdad. La verdad es siempre la verdad. No hay dos verdades distintas. Hay una sola. Y la bendición de Dios siempre recae sobre la verdad, no sobre las medias verdades o las mentiras. Las almas deben entender que una cosa es el amor de Dios y otra cosa son otros amores, más o buenos buenos, pero que todavía no tienen la presencia de Dios, porque falta ponerse en la verdad. La verdad en los que se casan consiste en poner en sus vidas a Dios. Y entonces entienden el camino de su matrimonio a la luz de Dios. Mientras no se haga esto, entonces cualquier cosa que el hombre y la mujer se propongan hacer juntos, puede ser algo verdadero en alguna forma, pero no en la plena realización de la Voluntad de Dios. Dios espera a que el hombre y la mujer aprendan a amarse. Y por eso permite muchas veces lo carnal en el matrimonio, porque no se nace sabiendo amar, sino que el amor se aprende. Pero se aprende de Dios. Hay que tener la valentía de ir a Dios para ser enseñados en cosa tan importante para un hombre y una mujer.