La verdad del sexo es la vida y el placer

La verdad del sexo son dos cosas: la vida y el placer. Son dos cosas que se tienen siempre y, por tanto, son dos cosas que no se pueden desligar una de otra.

Dios ha querido que el hombre engendrara una vida humana con placer, usando su cuerpo para en él producir algo distinto a él.

Pero esta vida humana se compone de dos seres que, distintos en su sexo, sin embargo son personas humanas.

Y la persona humana tiene que tener la capacidad de amar para dar la vida.

Hay muchas personas que engendran una vida humana pero sin desearlo. Lo hacen porque desligan estas dos verdades del sexo.

Se busca el placer que da el sexo, pero se olvida que de ese acto sexual puede nacer una vida.

Por tanto, no sólo hay que desear el placer carnal cuando se tenga la relación sec ual, sino que es necesario desear siempre el hijo que pueda nacer de ese encuentro en la carne. Desearlo aunque se sepa que no se va a tener. Pero si no se desea el hijo, entonces, no se ama a la otra persona.

Porque el estar con una persona en la carne significa que se debe amar lo propio de esa persona. Una mujer que desea estar con un hombre, lo ama si desea engendrar de ese hombre. Porque si no hiciera esto, entonces el matrimonio no existiría y cualquier mujer puede estar con cualquier hombre y, por tanto, el aborto sería algo válido, porque ya no se busca al hijo, sino sólo el placer que da el encuentro sexual.

Un homb re que desea estar con una mujer, debe desear engendrar un hijo de esa mujer, si no el hombre no ama a esa mujer, ya que sólo la utiliza para sus fines egositas.

Hoy día sae da esta triste realidad muy frecuentemente. Por eso,  no existe el amor entre las personas, porque no se busca lo propio del amor en la otra persona, que es siempre el hijo.

La verdad del sexo

Dios es la verdad y no hay más que una sola verdad.

La verdad es lo propio del ser divino, que para entenderlo hay que ser como Dios. Pero como esto es imposible, Dios da la verdad a cada criatura para que se conforme según la verdad.

Así  en el hombre existen ciertos comportamientos que si se trapasan van contra la verdad. Por ejemplo, la verdad del sexo consiste en ser una cosa para engendrar una vida humana. Esta verdad no se puede obviar, no se puede hacer que el sexo sirva sólo para el placer, olvidando que también es para la vida.

Por eso, cuando se usa el sexo al margen  de la vida, buscando todo tipo de instrumentos para impedir la vida, o matando la vida ya concebida en el sexo femenino, o masturbando la parte sexual del hombre o de la mujer, todo eso va contra la verdad del sexo. Dios no ha hecho el sexo para eso. Son acciones que van contra la naturaleza humana. La naturaleza humana no ha sido concebida para abortar, para masturbarse, para añadirle instrumentos para conseguir otros fines distintos. Es, por eso, que si se hacen esas acciones, se va contra lo que está escrito en la naturaleza humana.

Dios podía haber hecho una naturaleza humana que tenga la posibilidad de la masturbación. Pero si Dios no lo ha hecho, entonces el hombre no puede hacerlo por sí mismo. No puede inventarse un hombre que viva de masturbación, de sexo desenfrenado, etc. Hacer eso, es claro que hace de la persona una degradación. Sin embargo, vivimos en un ambiente en que esta realidad se da claramente. Pero esto no quiere decir que sea algo propio de la naturaleza humana.