El que ama da lo que tiene en su corazón

El que ama siempre da lo que tiene en su corazón, porque se da de lo íntimo, no se da de lo exterior a la persona. Sino que la persona debe buscar en su interior para dar el amor que tiene, y así lo exterior tiene validez cuando se da.

Porque los detalles del amor provienen del interior del corazón, pero si éste no se da, entonces no se es detallista con la otra persona. Pero cuando se da el corazón, éste se abre al detalle, al cariño, al entusiasmo por la otra persona, y hace vivir para la otra persona en pequeñas cosas.

Pero quien no vive así, no sabe amar a la otra persona, la amará exteriormente, pero no se dará él a esa persona. Lo que fundamenta siempre el amor es el detalle que proviene del corazón, es el decirle que se le ama, pero con el corazón, no con las palabras, es acercarle a su corazón el amor en la obra pequeña, el amor hecho tan amigable que con sola una palabra, esa persona se enternece de amor.

El que ama así empieza a conocer a la otra persona, porque ya no se enfrenta a ella, sino que simplemente busca en ella sus sentimientos, sus deseos, sus gustos, sus pensamientos para hacerlos realidad y hacerla feliz.

Se ama haciendo feliz a la otra persona dejándola en sus pensamientos, en sus deseos, en sus planes, y así se acomoda uno a su voluntad amándola porque simplemente se le ama.

Pero el que no ama así a una persona, siempre estará discutiendo con ella y le impondrá sus quereres, sus pensamientos y deseos, y la otra persona no hallará el amor, sino la imposición.

Por eso, hay que aprender a amar a la otra persona haciendo por ella lo que ella quiera, y sólo lo que ella quiera. Porque la voluntad de la otra persona debe ser hecha propia siempre, debe ser entendida para que la otra persona vea que se la ama. Y aquí está la delicadeza del amor, porque si los dos hacen esto, entonces los dos llegarán siempre a un acuerdo y ninguno de los dos se impondrá al otro, sino que entre los dos verán lo mejor en cada momento.

Porque hay cosas para un momento y cosas para otro momento. Y entonces entre dos que se aman deben descubrir lo que es para cada momento, para que el amor no se vea turbado ni engañado.

El amor se turba y se engaña solamente porque uno quiere imponerse al otro y no da cabida en él a los pensamientos del otro. Por eso, cuando se empieza a amar, se empieza a comprender al otro y a realizar sus planes, así sean los más ilógicos. Pero para el amor no hay lógica en la razón, sino sólo en el amor. Y lo que parece sin sentido, lo tiene pero si se mira sólo el amor. Porque sólo hay que mirar el amor cuando hay que amar a la otra persona, no hay que mirar la razón ni las costumbres. Sólo aquello que es propio del amor.

Lo propio del amor significa que el tiempo de amor se compone sólo de amor, pero de amor de tal calidad que es un amor que se da sólo por amor, no por otras razones, que pueden ser buenas. Sólo porque así Dios lo quiere, y eso basta para amar.

Por eso, quien se casa con una persona para vivir una vida de amor, se casa con Dios que le va indicando cómo amar a esa persona en la carne y en el Espíritu. Porque ambas cosas los dos deben saber manejarlo bien, porque así se construye un matrimonio: se construye acudiendo al que es el Autor del matrimonio, ya que creó al hombre y a la mujer para que estuvieran juntos.

Pero si los matrimonios no acuden a Dios es imposible que ellos entiendan el amor matrimonial. Es imposible que aprendan a amarse uno al otro, porque el amor es tan sencillo que ambos necesitan de Dios para entenderlo. Pero si no se está con Dios, difícilmente se entiende.

El Amor se comprende sólo en su Fuente, en ese Haz de Luz que es la Santísima Trinidad, en ese Fuego devorador que todo lo consume que es el Corazón Divino. Pero este Amor es de tal naturaleza que fuera de Dios es imposible captarlo. Y sólo se capta estando los dos junto a Dios.

Pero el Amor es tal que cuando los dos deciden obrar los mandamientos divinos, entonces ese Amor todo lo construye sin más, porque quien ama a Dios obra con su Amor.

Y, por eso, para que los hombres entiendan el Amor, sólo necesitan ser gobernados por Él, a sabiendas que ese Amor todo lo da, todo lo distribuye, todo lo hace, todo lo piensa, todo lo obra.

Porque el Amor todo lo gobierna, aun las cosas más ingobernables, más autoritarias, más destinadas a perecer por su propia maldad. Porque allí donde está Dios siempre está el Amor que se distribuye con Amor, con la elegancia que da el Amor. Y, por eso, quienes se aman con el Amor divino hacen todo desde el punto de vista de Dios, y no bajo el punto de vista de los hombres.

Los hombres deben aprender a amarse con el Amor de Dios y sólo con el Amor de Dios, y de esa forma encontrarán un bálsamo para sus corazones. Porque hay corazones tan rotos que cuando desean amar no pueden amar, porque sencillamente se olvidaron de acudir a la Fuente del Amor.

En esa fuente se tienen todas las cosas y nada se puede hacer fuera de esa fuente. Porque esa fuente es de tal calidad que cuando se decide a amar, se decide a ser de Dios para siempre. Y cuando no se decide a amar, sencillamente se aparta uno de Dios porque no se puede hacer lo que no se puede hacer.

No se puede hacer el amor allí donde la persona no quiere. Dios no puede obrar un imposible si la persona no quiere que se obre. Pero cuando la persona quiere, entonces ya no hay imposibles para Dios.

Y, por eso, para entender la esencia del amor sólo consiste en ser de Dios y nada más que de Dios.

El verdadero amor nace del corazón

Lo primero de todo para que el amor de enamoramiento se dé en toda su pureza es darse el corazón, porque de aquí depende todo lo demás.
El amor siempre necesita de una entrega para darse, pero no de dar algo exterior a la persona, sino lo más propio de ella. Porque el corazón define lo que es la persona, porque en él pone Dios todo lo que es esa persona.
El amor nace del corazón y sólo en el corazón se da el amor, pues éste está hecho de amor, y lo que nace de él es tan espiritual que la persona sólo tiene que verse en él para captar su designio divino.
Porque Dios escribe en el interior de nuestros corazones lo que quiere de nosotros, y entonces cuando el alma no tiene miedo de ver lo que el Señor ha escrito en su corazón, todo se da de una forma espontánea y sin complicaciones.
Porque el amor necesita de la entrega como la entrega necesita del amor para que pueda darse, porque si dos no se aman, o nada más que ama uno de ellos, es claro que no puede darse ninguna entrega. Primero hay que amarse y en seguida entregarse lo más íntimo de cada uno.
Esa entrega ya supone un amor inicial, sea éste el que sea. En este amor inicial, cada uno se entrega al otro como un ser que ama, aunque, a veces, no se captan los motivos para amar a esa persona.
Pero el amor no se basa en motivos, sino sólo en el amor, y en éste se dan los motivos por los cuales uno busca el amor de la otra persona.
El amor es tan sencillo que cuando se ama no se nota que se está amando, porque el amor no se basa ni en lo que decimos a la otra persona, ni lo que hacemos con la otra persona, sino que el amor sólo ama a la otra persona así no se diga nada y no se obre nada.
Esto es lo maravilloso del amor de enamoramiento, que siempre ama a la otra persona por lo que es, no por lo que posee o no posee. Pero este amor de enamoramiento se da siempre que los dos quieren en su corazón y sólo en su corazón, y después pasan a los hechos estando juntos para contarse sus cosas.
El amor de enamoramiento hace pensar siempre en la otra persona y la concibe en el corazón como algo propio, como un tesoro que nunca se va a perder, porque esto es el amor: algo eterno y algo que siempre va a permanecer dentro de la persona.
Cuando se está enamorado de alguien, otra persona no puede ocupar el mismo lugar del corazón. Porque sólo se enamora uno una vez y sólo una vez en su vida, es decir, sólo existe un amor de enamoramiento. Los demás son sólo amores fracasados, amores interesados, amores que algo tenían pero no lo poseían todo.
El que se enamora de verdad lo da todo a esa persona, y la otra persona le corresponde igual. Si no se da esto, no hay amor de enamoramiento. Habrá intereses, contactos, razones para amar, pero no amor verdadero. Por eso, hay tantos matrimonios que han fracasado porque han puesto su amor en otras cosas, pero no en el corazón.
El verdadero amor nace del corazón y sólo del corazón. Y cuando se da esto, esa persona es de uno para toda la vida, y nadie puede romper esa unión, porque esa unión está fundamentada en algo tan puro que si no se da, no se da nada.
Por eso, las parejas deben investigar sobre todo este amor de enamoramiento entre ellos para fundamentar su amor para toda la eternidad. Es el más bello episodio de la vida, es lo más hermoso que se puede dar entre hombre y mujer, es la perla más escondida que hay en el corazón, por eso, pocos dan con ella, porque pocos buscan darse totalmente a un hombre o a una mujer para toda la vida.
Toda la vida supone un riesgo que pocos quieren correr, porque las cosas de la existencia terrena llenan el corazón de muchas cosas que no son el amor y que distraen del verdadero amor.
El amor de enamoramiento es la delicia de los corazones, es la ternura de algo tan bello que sin eso lo demás no se da. Porque el amor se compone de belleza, de hermosura, de placer que nacen sólo del amor, no de la carne. La carne es tan pobre que no tiene ninguna belleza, ninguna hermosura, ningún placer.
La carne es tan carne que se define sólo por sí misma, pero que no define una relación estable y para siempre, porque la carne nunca es eterna, sino de un tiempo y en esa carne se cabalga en el Espíritu para hacer las obras eternas y duraderas. Pero es el Espíritu el que da valor a la carne, y no al revés.
Por eso, fundamentar una relación en la carne es hacer nada en esa relación, es definir el amor como algo imposible y temporal, es dar importancia a lo que no lo tiene, es hacer de una cosa un dios. Por eso, muchos matrimonios sólo se pierden en la carne, ahí se estancan, porque no han aprendido nada más.
Para que algo sea eterno entonces toda la persona debe entregarse al otro de forma radical, sin condiciones, sin poner trabas, sin esconder nada, porque así lo pide el amor y sólo el amor. Y si el amor no lo pidiera entonces nada tendría un valor eterno, sino sólo algo inestable y que dura lo que dura.
Por eso, el amor exige siempre una renovación espiritual, un cambio interior que pocos desean dar porque prefieren vivir para sus cosas, pero no dándose al otro desde lo íntimo de su corazón. Y así las parejas son siempre inestables, se acaban pronto porque la relación se fundamenta en muchas cosas, menos en el amor.
Para que todo vaya según el querer de Dios en un matrimonio, el amor debe nacer del corazón y ahí extenderse por todas las ramas hasta alcanzar la cumbre. La cumbre sólo se da en el esfuerzo de salir de sí y de darse continuamente al otro, porque lo que una vez se ha dado, eso continuamente hay que seguir dándolo hasta el fin de la vida. Porque no se entiende un amor sin entrega continua y para siempre, porque el amor es así.

El éxtasis del amor del corazón

El amor es siempre una fuerza que empuja a amar a una persona. No son las razones las que fuerzan a amar, es solamente el amor.
Es, por eso, que el amor es movimiento, no es algo estático, no es un deseo que se queda sólo en el corazón. El amor mueve a obrar, y si no se obra, entonces es que no hay amor.
Pero no siempre se está obrando, sino que a veces hay lo que se llama el éxtasis del amor, es decir, es un contemplar a la persona amada sin esfuerzo, llevado por su amor y en su amor.
Este éxtasis hace que el enamorado se figure a su amor caminando con él, hablando con él, comiendo con él, durmiendo con él.
Esta especie de éxtasis es lo más hermoso entre dos enamorados, porque los dos se aman en el corazón, sin decir nada, sólo con el pensamiento, con el deseo, con una mirada de amor.
Este éxtasis es un amor tan puro que en esta contemplación no hay rasgo de deseo malo hacia la otra persona, sólo un estar en su presencia, aunque esa persona esté lejos en el espacio.
Así los enamorados van cultivando su amor de enamoramiento, porque esta es la forma correcta de que el amor entre ellos subsista siempre, porque este amor no se compone todavía de hechos concretos, porque no viven juntos, pero sí de vivencias que los dos recuerdan en su interior y que los hace arder de amor el uno por el otro.
Este éxtasis es tan variado que depende de las personas para que se dé siempre que los dos quieran. Es decir, no es un éxtasis como se entiende la palabra, no es un salir de sí, pero sí que es un estar con el pensamiento, con el deseo en otra parte, junto al amado.
Esto hace que, a veces, se esté haciendo algo, pero el pensamiento está puesto en el amado y se pierda la noción del tiempo por estar pensando en el amado. Esto es muy común en los enamorados, tan común que cuando se da, el que padece de enamoramiento no puede ocultar su rostro de enamorado, de persona que parece que está en otro sitio, no en lo que está.
Esto hace que las personas a su alrededor se pregunten el motivo por el cual está así, pero ese motivo se les oculta generalmente, porque el amor sabe esconder los motivos hacia las otras personas.
El que se enamora siempre tiene en su corazón a la persona amada, no puede sacarla de allí, porque el amor es tan fuerte que es el amor el que trae al corazón del enamorado al amado, porque donde está el amor allí siempre está la persona a la que se ama.
Por eso, cuando dos se unen para casarse, deben inquirir primero entre ellos si existe este amor de enamoramiento, porque si no existe no deben casarse, porque entonces su casamiento sólo sería en la carne, pues se gustan sólo en lo carnal, pero todavía no han sido cogidos en el corazón.
Esto es tan importante de conocerlo que el no saberlo pone en peligro, sin duda, la estabilidad de cualquier matrimonio. Porque el matrimonio se funda sólo en el enamoramiento del corazón, no en la consecución de la carne, porque ésta no entiende de amor, sino sólo de pasión.
Por eso, siempre que dos se enamoran deben experimentar este amor de enamoramiento, este éxtasis que hace que los dos vivan en un mundo interior de amor puro, porque esto es lo propio de este amor.
Por eso, no se debe tener miedo a estos deseos tan puros si se dan en los enamorados. Es lo propio en ellos, porque este es el camino verdadero para que dos que se aman lleguen después a la unión verdadera en la carne.
Por eso, en el amor de enamoramiento los dos deben aprender a buscarse de esta forma, para que en la realidad sus corazones vibren el uno por el otro, porque el amor atrae de una manera misteriosa a dos que se aman y que quieren que su amor siempre prevalezca.
Por eso, el amor de enamoramiento hace, a veces, delirar de amor a los dos y se dicen cosas que parecen locuras, pero es que los dos se aman y no saben de razones, sino solamente de amor. Y el amor es tan genuino que hace decir cosas que generalmente no se dicen porque en la práctica está claro que no se dicen. Pero los enamorados viven en un mundo de amor, de amor puro, de amor tan auténtico que todo les parece permitido, menos el pecado.
El amor de enamoramiento hace que las almas se acerquen unas a otras haciendo lo propio de los enamorados, es decir, atrayéndolas con lo propio del amor y nada más que con el amor.
El amor de enamoramiento produce en las almas tal belleza de pensamientos que las almas se contentan con obrar lo que piensan, sin pensar que eso que obran, a lo mejor, no es lo más adecuado en ese momento. Pero el que ama sólo sabe de amar, no de momentos adecuados.
Por eso, vivir enamorado es la etapa más feliz para el hombre, porque vive seguro de su amor, vive para el amor, vive pensando en el amor, vive sin saber que vive una felicidad que no es de este mundo.

El amor debe expresarse según el sexo

El amor de un hombre hacia su mujer nace siempre de su corazón, un corazón lleno de amor, pero que se expresa de una forma poco común, es decir, no se expresa como amor, sino como placer.
El hombre es placer, no porque su cuerpo dé placer a la mujer, sino porque su razón da el placer al hombre.
La razón del hombre está hecha para investigar, para conocer aquello que no se puede conocer, para experimentar aquello que no se sabe experimentar. La razón busca para entender el placer, porque sin placer no se puede entender nada. Se entiende porque se gusta lo que se entiende. Pero no se entiende aquello que no se gusta, que no se saborea, que no hace nada más que provocar fastidio.
Por eso, el hombre ha nacido para investigar con placer, para realizar inventos con placer, para escribir con placer. Es decir, para hacerlo todo acompañado por el placer.
El hombre, por tanto, no sabe amar, sólo sabe experimentar placer, y en esa experiencia ve el amor. Pero no lo ve en sí mismo, sino que lo ve por el placer que experimenta.
El hombre, al actuar así pone de manifiesto que el placer lo envuelve, que el placer le lleva, que el placer es lo propio del hombre.
Entonces el hombre se da a la mujer en el placer y sólo en el placer. Si la besa, no es por amor, es por placer. Si la abraza, no es por amor, es por placer. Si está con ella en la cama, no es por amor, es por placer. Pero esto no signifique que el hombre no ame. Ama, pero antes busca el placer que el amor. Y esto es lo que le diferencia de la mujer.
La mujer ama al hombre sólo por amor, no por el placer. La mujer busca el amor en el hombre, busca darse a ese hombre, no tanto porque le dé placer con su cuerpo, sino por amor a él. Él es su hombre y entonces la mujer lo ama por ser su hombre, no porque encuentre en él nada placentero. Esto no significa que la mujer no busque también el placer, pero lo hace de diferente forma a como lo hace el hombre.
Entonces, el amor de enamoramiento en el hombre y la mujer, siendo un mismo amor, sin embargo se da en los dos de forma diferente.
El hombre, en su enamoramiento, busca a la mujer para abrazarla, besarla, porque ahí encuentra el placer que busca. Y en ese placer, el hombre da su amor a su enamorada.
Pero la mujer, en su enamoramiento, busca al hombre por lo que es, es decir, por ser un hombre. Y entonces lo ama por ser un hombre, independientemente de que ese hombre la bese o la abrace. Ella quiere a ese hombre porque le quiere, y sólo por eso. La mujer intuye el amor y lo da sin más. Pero el hombre no lo intuye, porque es razón, y la razón tiene que pensar para descubrir la cosa. Y, por eso, el hombre no ve el amor como lo ve la mujer.
La mujer ve su hombre y entonces comprende el amor. Pero el hombre ve su mujer y hasta que no la toque, no la ama, porque él cree que para amarla tiene que tocarla. Pero la mujer le basta ver a su hombre sin tocarlo para amarlo.
Esta diferencia en el amor de enamoramiento hace que el hombre y la mujer se muestren distintos uno al otro cuando están juntos. El hombre siempre estará apegado a la mujer buscando tocar, pero la mujer no, porque ya lo ama. Pero tanto uno como el otro se dan muestras de cariño porque es lo normal entre quienes se aman.
El hombre al buscar así a la mujer demuestra que ama poco, porque debe sentir el placer. Pero la mujer demuestra su amor grande porque sencillamente ama.
Pero cuando la mujer desea sentir el amor como lo siente el hombre, entonces deja de ser mujer y se comporta como el hombre, y entonces ya no hay amor en la pareja, porque la mujer ya no pone el amor, sino también el placer.
Es por esto que la mujer y el hombre se dan en la carne porque dejaron de amarse en el corazón. Es la mujer la que pone en el hombre el amor. Pero si la mujer no lo pone, entonces el hombre no puede ponerlo, porque él es placer, no amor. Y hasta que la mujer no sea mujer y se comporte como tal, el amor no puede existir porque sencillamente no se da.
Pero el amor se da aunque los dos busquen el placer, porque buscándolo se encuentra, pero es un amor que pasa un tiempo, no es eterno. Es un amor de una noche, pero no de todas las noches.
El amor de enamoramiento se diferencia del amor matrimonial en que éste tiene la carne, pero el otro no. Y, por tanto, el amor de enamoramiento es más genuino porque los dos buscan el amor, aunque también se dé el placer como desahogo a ese amor. Pero el amor matrimonial se centra más en el cuerpo, y entonces se diluye más el amor, porque el centro viene a ser el placer que ambos quieren y buscan.
Pero esto no es malo sino sólo consecuencia de lo que es el hombre y la mujer. Son dos para una sola carne. Son dos que se dan para un solo amor. Son dos, uno en el placer, y el otro en el amor, que encuentran un solo corazón donde amarse y darse placer uno al otro.
Pero esto así entendido hace que el amor de enamoramiento sea mejor en la expresión de lo que es el amor, porque ese amor es puro en todos los sentidos y nunca cansa, porque se da en el corazón, no en la carne. Lo que se da en la carne al final termina cansando. Pero el amor nunca cansa, porque es eterno en su felicidad. Siempre da algo nuevo a la otra persona. Siempre resucita con alguna cosa que es sólo vida en el amor.
El amor de enamoramiento, por tanto, es un amor que nace del corazón y que no se da sino en el corazón de ambos, y que tiene su recompensa en el desahogo del abrazo y del beso, como signo inconfundible del amor.

Cuando el Amor guía a la Luz…

El amor entre un hombre y una mujer es de tal trascendencia que si no se entiende en el Espíritu, no se entiende nada. Porque es el Espíritu el que da la paz al corazón para que se obre según el Espíritu y no según la carne.
Porque entre hombre y mujer está siempre el peligro de quedarse en lo carnal, y lo carnal nunca va a entender los designios divinos sobre una pareja. Porque esos designios divinos están escritos en el corazón de esa pareja que quiere unirse en matrimonio.
El corazón de esa pareja lo forman los dos corazones del hombre y de la mujer, que el amor los une y los hace una sola cosa en Dios. Pero este corazón lo hace uno solo Dios, porque es el mismo que pone en el hombre y en la mujer que se van a casar.
El amor de Dios siempre hace uno, porque eso es el Amor. El Amor no son dos cosas, uno en el hombre y otra en la mujer. El Amor es una cosa, y el hombre y la mujer se mueven de forma diferente para entregarse ese único amor de un único corazón.
El hombre siempre va a amar a una mujer buscando el placer y produciendo el placer en la mujer, porque así está hecho el hombre en todo su ser. Sin embargo, la mujer es amor y de esa manera busca el amor en un hombre: siendo amor, es decir, siendo acogida a lo que es ese hombre. La mujer siempre acoge en el amor, pero el hombre siempre da en el placer. La mujer acoge el amor en el amor, y el hombre da el amor en el placer. De esta manera, siempre hay amor, pero de forma diferente en el expresarlo.
El único amor entre un hombre y una mujer es lo que diferencia la pareja de otras en que no vive un único amor porque ambos no son de Dios. Ese único amor es tan grande que cualquier cosa que la pareja haga lo hace junta, es decir, ellos no hacen las cosas por separados, buscando sus planes e intereses, sino que las hacen por el otro, buscando el plan y el interés de la otra parte.
Porque el amor que los une es tan magnífico que los hace querer siempre lo que el otro quiere y hacer lo que el otro hace. Porque el amor une en un mismo designio de amor, y por tanto, todo se da en ese único designio y sólo en ese único designio.
El amor de un hombre y de una mujer que se unen en matrimonio es para toda la vida, porque eso es el amor: un amor eterno, que nunca puede pasar, a pesar del tiempo. Porque Dios no hace las cosas para un rato, sino para siempre, y, por eso, lo que Dios une Él ni nadie lo puede separar, porque el amor es unitivo en su esencia, es decir, siempre busca la unión de dos corazones y siempre los junta en su amor que los une de muchas maneras, porque así es siempre el amor de Dios.
El amor de Dios es de tal calidad que cuando ama, ama con sólo el amor. Y para entender esto, hay que saber que en Dios el Amor es su Esencia, es decir, el Amor es el mismo Dios. Y cuando Dios ama, ama como Él ama, y no puede amar de otra forma, porque la forma del amor es siempre en Dios amor, no otra forma de amor.
En el hombre y la mujer hay muchas formas del amor, porque el hombre y la mujer no son una esencia completa en sí misma, sino dos cosas, alma y cuerpo, que se compenetran en un solo ser.
El ser del hombre es algo tan inexplicable en términos humanos como el Ser de Dios, porque ambos seres Dios es en ellos de forma ininteligible.
Dios en su Esencia es algo tan excelso que para explicarlo sólo hay que ver a Dios, de otra forma no se puede explicar nada de lo que es Dios. La visión de Dios es Amor, y cuando se ve a Dios se ve el Amor. Y el Amor es eso que es Dios, es decir, Amor.
Pero el hombre no es Dios, pero se le parece, en el sentido que su alma alberga a Dios, y entonces su alma tiene en sí un centro donde Dios reside. Ese centro es su corazón. Y en su corazón, el hombre ve a Dios de una forma misteriosa, como Dios lo quiere que lo vea. No lo ve en sí mismo, sino en la forma del Amor como está en su corazón. Esto debe entenderse de esta manera: el hombre para ver a Dios en su corazón debe Dios descubrírsele de una forma inexplicable con palabras humanas. Pero en ese descubrimiento divino, se manifiesta al alma lo que es el Amor.
El amor de enamoramiento sólo consiste en que Dios con su Espíritu penetra el corazón de la criatura y le muestra su amor de una forma nueva. Y esa criatura percibe en ella que ama a una persona sin tenerla todavía consigo, que la ama porque pone Dios en ella a esa persona de esa forma nueva.
Por eso, cuando hablamos de este amor de enamoramiento, hablamos de un amor que nace en Dios y que es en solo Dios como se puede entender. No se entiende de otra forma, porque no hay palabras para expresarlo.
Por eso, cuando las parejas se juntan para vivir su amor de enamoramiento, lo hacen siempre bajo la mano del Espíritu, y es el Espíritu el que las guía para que ese amor que ha puesto en ellos se dé de forma a como es el Amor.
Y de esta manera esa pareja sólo hace lo que Dios quiere en su Espíritu, y no peca cuando ambos se besan o se abrazan, porque esos besos y abrazos provienen del centro de su corazón, del Amor, no de la carne. Son besos y abrazos que señalan un amor espiritual, no un amor carnal, y por lo tanto, en ellos no se busca todavía el placer de la carne, sino sólo el manifestar al exterior lo que se lleva en lo íntimo del corazón.
Por eso, es un error de las parejas probar la carne antes de tiempo. Si lo hacen señala que su amor no lo dirige Dios, sino ellos y que sólo ellos se buscan no por amor, sino por otros intereses.
El amor de enamoramiento es un amor de tal calidad que va preparando a la pareja a entregarse en la carne, pero cuando el Espíritu lo quiere, no cuando ellos lo desean.
Este amor de enamoramiento hace de los dos una sola carne, pero en el Espíritu, no en la carne, es decir, se juntan para amarse carnalmente, pero guiados siempre por el Espíritu.
Y, por tanto, la pareja que es guiada de esta forma, cuando consuma el matrimonio, busca en esa consumación sólo la voluntad de Dios, sin poner ellos nada ni quitar nada en esa experiencia sexual. Es, por eso, que buscan los dos los hijos y los dos se separan de formas de impedir la vida, porque el amor de Dios es siempre noble cuando ama y no puede permitir nada que lo destruya.
El amor de enamoramiento es un amor espiritual que nace en el corazón de la criatura y que se da al otro de la misma forma, es decir, a través del corazón. Y después ambos lo reflejan en sus cuerpos con abrazos y besos. Pero es un reflejo espiritual, no carnal. Es un reflejo que busca el goce del Espíritu, no el de la carne. Y, por tanto, los dos sienten en su mismo corazón una alegría que no es de este mundo.
El amor de enamoramiento es un amor divino que eleva al alma a cumbres que sólo Dios conoce. La eleva porque para eso Dios da ese amor, para que hombre y mujer no se queden sólo en lo carnal, sino que busquen en lo carnal lo espiritual.
Esto es magnífico, porque este amor de enamoramiento es luz para el alma y el alma sabe lo que puede o no puede hacer con su cuerpo. Los límites en el uso del cuerpo vienen de este amor de enamoramiento, nunca de la razón, porque la razón no entiende de amor, pero el amor entiende cómo usar del cuerpo para amar según Dios en el cuerpo.
Por eso, los que se escandalizan porque se permiten ciertas cosas en las posturas en que un hombre y una mujer hacen para darse su amor, todavía no han entendido que el amor es el que guía a una persona cuando ama. No la guía su razón, si no el amor que está en su corazón. Y que ese amor le da el conocimiento para realizar aquello que su razón no puede ver.
Por eso, este tema del matrimonio tan apasionante sólo se puede entender en el Espíritu y sólo en el Espíritu, y para eso se dan estas explicaciones, para que la razón aprenda a razonar en el Espíritu.
El Espíritu es el Amor que Dios da a su criatura para que ésta ame y se deje guiar por ese Espíritu de amor en todo. Y cuando esto hace la criatura, entonces su vida cambia ciento ochenta grados porque la guía el Amor y sólo el Amor. Y cuando éste guía todo sale bien.

El amor de enamoramiento

El amor del corazón siempre es un enamoramiento que produce amor, porque el corazón es amor ya que Dios habita en él, y Él es Amor.
Pero el corazón de un alma es algo tan sencillo que significa que esa alma ama sólo con su corazón. No puede amar con otra cosa, porque lo demás que posee el hombre no es amor, sino elementos que ayudan al hombre a amar.
El hombre o la mujer expresan el amor de su corazón de muchas maneras, una de ellas el cuerpo, pero el cuerpo no es amor, sino instrumento del amor.
El amor del corazón es algo tan hermoso que sólo amando la criatura con su corazón puede entender el amor. Porque el amor no se entiende sino en el amor, no se entiende con la razón, sólo haciendo del corazón un tabernáculo para el amor.
El amor es lo propio de la criatura que ama a Dios, porque si la criatura no pone a Dios en el centro de su corazón, entonces no sabe amar, porque el amor de su corazón sólo se puede expresar desde su centro, que es Dios. Porque el amor nace de Dios y sólo de Dios. Y quien no tiene a Dios, no puede tener el amor, es decir, lo tiene, pero que da oculto en su corazón sin puerta para darse a los demás. Y de esta forma, el hombre sin Dios puede hacer muchas cosas, pero las hace si el empuje del amor, porque nacen de otros intereses, llámense como se llamen.
El amor del corazón es algo tan hermoso que siempre el alma ama con su corazón haciendo lo que su corazón le dice y sólo lo que su corazón le dice. Esta hermosura consiste en escuchar en su interior la voz de Dios y seguirla, y entonces el alma siempre va a hacer la voluntad de Dios, y siempre va a obrar movida por el Amor.
El amor del corazón es algo tan sublime que sólo en Dios se puede entender. No se entiende en otras cosas, no se entiende porque se piense mucho, no se entiende en ningún libro, no se halla escrito en ninguna parte. Porque el amor está escrito en el Corazón Divino y es sólo este Corazón el que lo revela al hombre cuando quiere y como quiere.
El amor de enamoramiento es una dulce presencia del amado en el alma del que ama. Es una presencia espiritual que Dios pone en el corazón y hace amar al alma a esa persona en el corazón. Esto sólo lo puede hacer Dios en el corazón de la criatura. No lo hace la criatura, porque es algo tan sublime que Dios se encarga de hacerlo por medio de su Espíritu.
El Espíritu es el que guía al alma en este proceso de enamoramiento, porque sin su ayuda esto es imposible. Para que el alma se enamore de una persona como Dios lo quiere, es Dios quien tiene que guiar al alma hacia el fin de este enamoramiento, y poner todos los caminos para que este enamoramiento se dé según su Espíritu.
Esto es tan sublime que sólo en Dios se puede realizar, porque si lo realiza el hombre, entonces no consigue nada, ya que lo que el hombre hace es siempre bajo la dirección de su razón, que no tiene toda la verdad sobre un asunto, sino que se mueve siempre en incertidumbres.
El enamoramiento, para que sea verdadero, lo tiene que realizar el Señor en dos almas según sus caminos que Él marca a esas dos almas. Y cuando las dos están ya dispuestas, entonces Dios comienza su proceso en ambas, haciendo surgir en el interior de ellas la atracción hacia la otra parte. Así Dios escribe sus historias de amor entre los hombres poniendo en el corazón de ambos el amor para que se lo den siempre, porque lo que Dios da es para que permanezca siempre a pesar de que hay dificultades y contratiempos.
Dios enamora a dos personas no para una noche, sino para todas las noches y todos los días. Dios hace crecer este amor siempre en el corazón de sus Elegidos, porque para eso los une, para que se amen con un corazón indiviso, a prueba de bombas. Pero Dios no imprime este amor en el corazón de sus criaturas sin el consentimiento de ambas, porque Dios nunca obliga a amar, sino que deja libre para amar al otro con ese amor que Dios pone en el corazón de su alma.
Por eso, este amor es tan magnifico que aun siendo libre la criatura, siempre elige lo que Dios pone en el corazón, porque la criatura no puede elegir nada que vaya en contra de su corazón. Y como su corazón sólo vibra de amor, escoge siempre el amor, aunque a veces no entienda las razones para escoger el amor. De esta manera, Dios siempre se sale con la suya, porque no obliga al alma nada, sino que deja que ella escoja, pero sabe que va a escoger el amor, porque el alma es amor y nada más que amor.
Pero para que esta elección se haga así, es necesario que el alma esté en Dios y busque los caminos de Dios. Porque si está fuera de Dios, entonces no puede entender el amor que Dios pone en su corazón.
El amor de enamoramiento es un amor tan dulce que el alma lo saborea en su corazón. Es como si amara a esa persona y la abrazara y le besara, pero no físicamente, sino espiritualmente. Es un enamoramiento que se da siempre en el interior del corazón, no fuera de él. No se da en el cuerpo, no se da en los sentimientos, no se da en las caricias hacia la otra persona, porque eso viene después de este enamoramiento que Dios realiza en su alma.
El amor de enamoramiento sólo produce quietud en el alma, una paz que sólo proviene de Dios, un amor que es fuego, que es tensión, que es energía para obrar siempre en el designio divino.
Este amor hace que el alma salga de sí misma y haga las obras de Dios, se dedique a servir a Dios de muchas maneras, porque lo que siempre hace Dios son las obras de su Amor en las almas. Las almas aman porque Dios las ama, y las almas obran el Amor, porque es Dios quien realiza esa obra en el alma.
De esta manera, el alma se dispone siempre a realizar lo que Dios quiere, porque siempre sigue al Espíritu que la anima a seguir el Amor. Por eso, el amor de enamoramiento hace del alma un instrumento dócil a los designios divinos.