El que ama da lo que tiene en su corazón

El que ama siempre da lo que tiene en su corazón, porque se da de lo íntimo, no se da de lo exterior a la persona. Sino que la persona debe buscar en su interior para dar el amor que tiene, y así lo exterior tiene validez cuando se da.

Porque los detalles del amor provienen del interior del corazón, pero si éste no se da, entonces no se es detallista con la otra persona. Pero cuando se da el corazón, éste se abre al detalle, al cariño, al entusiasmo por la otra persona, y hace vivir para la otra persona en pequeñas cosas.

Pero quien no vive así, no sabe amar a la otra persona, la amará exteriormente, pero no se dará él a esa persona. Lo que fundamenta siempre el amor es el detalle que proviene del corazón, es el decirle que se le ama, pero con el corazón, no con las palabras, es acercarle a su corazón el amor en la obra pequeña, el amor hecho tan amigable que con sola una palabra, esa persona se enternece de amor.

El que ama así empieza a conocer a la otra persona, porque ya no se enfrenta a ella, sino que simplemente busca en ella sus sentimientos, sus deseos, sus gustos, sus pensamientos para hacerlos realidad y hacerla feliz.

Se ama haciendo feliz a la otra persona dejándola en sus pensamientos, en sus deseos, en sus planes, y así se acomoda uno a su voluntad amándola porque simplemente se le ama.

Pero el que no ama así a una persona, siempre estará discutiendo con ella y le impondrá sus quereres, sus pensamientos y deseos, y la otra persona no hallará el amor, sino la imposición.

Por eso, hay que aprender a amar a la otra persona haciendo por ella lo que ella quiera, y sólo lo que ella quiera. Porque la voluntad de la otra persona debe ser hecha propia siempre, debe ser entendida para que la otra persona vea que se la ama. Y aquí está la delicadeza del amor, porque si los dos hacen esto, entonces los dos llegarán siempre a un acuerdo y ninguno de los dos se impondrá al otro, sino que entre los dos verán lo mejor en cada momento.

Porque hay cosas para un momento y cosas para otro momento. Y entonces entre dos que se aman deben descubrir lo que es para cada momento, para que el amor no se vea turbado ni engañado.

El amor se turba y se engaña solamente porque uno quiere imponerse al otro y no da cabida en él a los pensamientos del otro. Por eso, cuando se empieza a amar, se empieza a comprender al otro y a realizar sus planes, así sean los más ilógicos. Pero para el amor no hay lógica en la razón, sino sólo en el amor. Y lo que parece sin sentido, lo tiene pero si se mira sólo el amor. Porque sólo hay que mirar el amor cuando hay que amar a la otra persona, no hay que mirar la razón ni las costumbres. Sólo aquello que es propio del amor.

Lo propio del amor significa que el tiempo de amor se compone sólo de amor, pero de amor de tal calidad que es un amor que se da sólo por amor, no por otras razones, que pueden ser buenas. Sólo porque así Dios lo quiere, y eso basta para amar.

Por eso, quien se casa con una persona para vivir una vida de amor, se casa con Dios que le va indicando cómo amar a esa persona en la carne y en el Espíritu. Porque ambas cosas los dos deben saber manejarlo bien, porque así se construye un matrimonio: se construye acudiendo al que es el Autor del matrimonio, ya que creó al hombre y a la mujer para que estuvieran juntos.

Pero si los matrimonios no acuden a Dios es imposible que ellos entiendan el amor matrimonial. Es imposible que aprendan a amarse uno al otro, porque el amor es tan sencillo que ambos necesitan de Dios para entenderlo. Pero si no se está con Dios, difícilmente se entiende.

El Amor se comprende sólo en su Fuente, en ese Haz de Luz que es la Santísima Trinidad, en ese Fuego devorador que todo lo consume que es el Corazón Divino. Pero este Amor es de tal naturaleza que fuera de Dios es imposible captarlo. Y sólo se capta estando los dos junto a Dios.

Pero el Amor es tal que cuando los dos deciden obrar los mandamientos divinos, entonces ese Amor todo lo construye sin más, porque quien ama a Dios obra con su Amor.

Y, por eso, para que los hombres entiendan el Amor, sólo necesitan ser gobernados por Él, a sabiendas que ese Amor todo lo da, todo lo distribuye, todo lo hace, todo lo piensa, todo lo obra.

Porque el Amor todo lo gobierna, aun las cosas más ingobernables, más autoritarias, más destinadas a perecer por su propia maldad. Porque allí donde está Dios siempre está el Amor que se distribuye con Amor, con la elegancia que da el Amor. Y, por eso, quienes se aman con el Amor divino hacen todo desde el punto de vista de Dios, y no bajo el punto de vista de los hombres.

Los hombres deben aprender a amarse con el Amor de Dios y sólo con el Amor de Dios, y de esa forma encontrarán un bálsamo para sus corazones. Porque hay corazones tan rotos que cuando desean amar no pueden amar, porque sencillamente se olvidaron de acudir a la Fuente del Amor.

En esa fuente se tienen todas las cosas y nada se puede hacer fuera de esa fuente. Porque esa fuente es de tal calidad que cuando se decide a amar, se decide a ser de Dios para siempre. Y cuando no se decide a amar, sencillamente se aparta uno de Dios porque no se puede hacer lo que no se puede hacer.

No se puede hacer el amor allí donde la persona no quiere. Dios no puede obrar un imposible si la persona no quiere que se obre. Pero cuando la persona quiere, entonces ya no hay imposibles para Dios.

Y, por eso, para entender la esencia del amor sólo consiste en ser de Dios y nada más que de Dios.

El verdadero amor nace del corazón

Lo primero de todo para que el amor de enamoramiento se dé en toda su pureza es darse el corazón, porque de aquí depende todo lo demás.
El amor siempre necesita de una entrega para darse, pero no de dar algo exterior a la persona, sino lo más propio de ella. Porque el corazón define lo que es la persona, porque en él pone Dios todo lo que es esa persona.
El amor nace del corazón y sólo en el corazón se da el amor, pues éste está hecho de amor, y lo que nace de él es tan espiritual que la persona sólo tiene que verse en él para captar su designio divino.
Porque Dios escribe en el interior de nuestros corazones lo que quiere de nosotros, y entonces cuando el alma no tiene miedo de ver lo que el Señor ha escrito en su corazón, todo se da de una forma espontánea y sin complicaciones.
Porque el amor necesita de la entrega como la entrega necesita del amor para que pueda darse, porque si dos no se aman, o nada más que ama uno de ellos, es claro que no puede darse ninguna entrega. Primero hay que amarse y en seguida entregarse lo más íntimo de cada uno.
Esa entrega ya supone un amor inicial, sea éste el que sea. En este amor inicial, cada uno se entrega al otro como un ser que ama, aunque, a veces, no se captan los motivos para amar a esa persona.
Pero el amor no se basa en motivos, sino sólo en el amor, y en éste se dan los motivos por los cuales uno busca el amor de la otra persona.
El amor es tan sencillo que cuando se ama no se nota que se está amando, porque el amor no se basa ni en lo que decimos a la otra persona, ni lo que hacemos con la otra persona, sino que el amor sólo ama a la otra persona así no se diga nada y no se obre nada.
Esto es lo maravilloso del amor de enamoramiento, que siempre ama a la otra persona por lo que es, no por lo que posee o no posee. Pero este amor de enamoramiento se da siempre que los dos quieren en su corazón y sólo en su corazón, y después pasan a los hechos estando juntos para contarse sus cosas.
El amor de enamoramiento hace pensar siempre en la otra persona y la concibe en el corazón como algo propio, como un tesoro que nunca se va a perder, porque esto es el amor: algo eterno y algo que siempre va a permanecer dentro de la persona.
Cuando se está enamorado de alguien, otra persona no puede ocupar el mismo lugar del corazón. Porque sólo se enamora uno una vez y sólo una vez en su vida, es decir, sólo existe un amor de enamoramiento. Los demás son sólo amores fracasados, amores interesados, amores que algo tenían pero no lo poseían todo.
El que se enamora de verdad lo da todo a esa persona, y la otra persona le corresponde igual. Si no se da esto, no hay amor de enamoramiento. Habrá intereses, contactos, razones para amar, pero no amor verdadero. Por eso, hay tantos matrimonios que han fracasado porque han puesto su amor en otras cosas, pero no en el corazón.
El verdadero amor nace del corazón y sólo del corazón. Y cuando se da esto, esa persona es de uno para toda la vida, y nadie puede romper esa unión, porque esa unión está fundamentada en algo tan puro que si no se da, no se da nada.
Por eso, las parejas deben investigar sobre todo este amor de enamoramiento entre ellos para fundamentar su amor para toda la eternidad. Es el más bello episodio de la vida, es lo más hermoso que se puede dar entre hombre y mujer, es la perla más escondida que hay en el corazón, por eso, pocos dan con ella, porque pocos buscan darse totalmente a un hombre o a una mujer para toda la vida.
Toda la vida supone un riesgo que pocos quieren correr, porque las cosas de la existencia terrena llenan el corazón de muchas cosas que no son el amor y que distraen del verdadero amor.
El amor de enamoramiento es la delicia de los corazones, es la ternura de algo tan bello que sin eso lo demás no se da. Porque el amor se compone de belleza, de hermosura, de placer que nacen sólo del amor, no de la carne. La carne es tan pobre que no tiene ninguna belleza, ninguna hermosura, ningún placer.
La carne es tan carne que se define sólo por sí misma, pero que no define una relación estable y para siempre, porque la carne nunca es eterna, sino de un tiempo y en esa carne se cabalga en el Espíritu para hacer las obras eternas y duraderas. Pero es el Espíritu el que da valor a la carne, y no al revés.
Por eso, fundamentar una relación en la carne es hacer nada en esa relación, es definir el amor como algo imposible y temporal, es dar importancia a lo que no lo tiene, es hacer de una cosa un dios. Por eso, muchos matrimonios sólo se pierden en la carne, ahí se estancan, porque no han aprendido nada más.
Para que algo sea eterno entonces toda la persona debe entregarse al otro de forma radical, sin condiciones, sin poner trabas, sin esconder nada, porque así lo pide el amor y sólo el amor. Y si el amor no lo pidiera entonces nada tendría un valor eterno, sino sólo algo inestable y que dura lo que dura.
Por eso, el amor exige siempre una renovación espiritual, un cambio interior que pocos desean dar porque prefieren vivir para sus cosas, pero no dándose al otro desde lo íntimo de su corazón. Y así las parejas son siempre inestables, se acaban pronto porque la relación se fundamenta en muchas cosas, menos en el amor.
Para que todo vaya según el querer de Dios en un matrimonio, el amor debe nacer del corazón y ahí extenderse por todas las ramas hasta alcanzar la cumbre. La cumbre sólo se da en el esfuerzo de salir de sí y de darse continuamente al otro, porque lo que una vez se ha dado, eso continuamente hay que seguir dándolo hasta el fin de la vida. Porque no se entiende un amor sin entrega continua y para siempre, porque el amor es así.

El éxtasis del amor del corazón

El amor es siempre una fuerza que empuja a amar a una persona. No son las razones las que fuerzan a amar, es solamente el amor.
Es, por eso, que el amor es movimiento, no es algo estático, no es un deseo que se queda sólo en el corazón. El amor mueve a obrar, y si no se obra, entonces es que no hay amor.
Pero no siempre se está obrando, sino que a veces hay lo que se llama el éxtasis del amor, es decir, es un contemplar a la persona amada sin esfuerzo, llevado por su amor y en su amor.
Este éxtasis hace que el enamorado se figure a su amor caminando con él, hablando con él, comiendo con él, durmiendo con él.
Esta especie de éxtasis es lo más hermoso entre dos enamorados, porque los dos se aman en el corazón, sin decir nada, sólo con el pensamiento, con el deseo, con una mirada de amor.
Este éxtasis es un amor tan puro que en esta contemplación no hay rasgo de deseo malo hacia la otra persona, sólo un estar en su presencia, aunque esa persona esté lejos en el espacio.
Así los enamorados van cultivando su amor de enamoramiento, porque esta es la forma correcta de que el amor entre ellos subsista siempre, porque este amor no se compone todavía de hechos concretos, porque no viven juntos, pero sí de vivencias que los dos recuerdan en su interior y que los hace arder de amor el uno por el otro.
Este éxtasis es tan variado que depende de las personas para que se dé siempre que los dos quieran. Es decir, no es un éxtasis como se entiende la palabra, no es un salir de sí, pero sí que es un estar con el pensamiento, con el deseo en otra parte, junto al amado.
Esto hace que, a veces, se esté haciendo algo, pero el pensamiento está puesto en el amado y se pierda la noción del tiempo por estar pensando en el amado. Esto es muy común en los enamorados, tan común que cuando se da, el que padece de enamoramiento no puede ocultar su rostro de enamorado, de persona que parece que está en otro sitio, no en lo que está.
Esto hace que las personas a su alrededor se pregunten el motivo por el cual está así, pero ese motivo se les oculta generalmente, porque el amor sabe esconder los motivos hacia las otras personas.
El que se enamora siempre tiene en su corazón a la persona amada, no puede sacarla de allí, porque el amor es tan fuerte que es el amor el que trae al corazón del enamorado al amado, porque donde está el amor allí siempre está la persona a la que se ama.
Por eso, cuando dos se unen para casarse, deben inquirir primero entre ellos si existe este amor de enamoramiento, porque si no existe no deben casarse, porque entonces su casamiento sólo sería en la carne, pues se gustan sólo en lo carnal, pero todavía no han sido cogidos en el corazón.
Esto es tan importante de conocerlo que el no saberlo pone en peligro, sin duda, la estabilidad de cualquier matrimonio. Porque el matrimonio se funda sólo en el enamoramiento del corazón, no en la consecución de la carne, porque ésta no entiende de amor, sino sólo de pasión.
Por eso, siempre que dos se enamoran deben experimentar este amor de enamoramiento, este éxtasis que hace que los dos vivan en un mundo interior de amor puro, porque esto es lo propio de este amor.
Por eso, no se debe tener miedo a estos deseos tan puros si se dan en los enamorados. Es lo propio en ellos, porque este es el camino verdadero para que dos que se aman lleguen después a la unión verdadera en la carne.
Por eso, en el amor de enamoramiento los dos deben aprender a buscarse de esta forma, para que en la realidad sus corazones vibren el uno por el otro, porque el amor atrae de una manera misteriosa a dos que se aman y que quieren que su amor siempre prevalezca.
Por eso, el amor de enamoramiento hace, a veces, delirar de amor a los dos y se dicen cosas que parecen locuras, pero es que los dos se aman y no saben de razones, sino solamente de amor. Y el amor es tan genuino que hace decir cosas que generalmente no se dicen porque en la práctica está claro que no se dicen. Pero los enamorados viven en un mundo de amor, de amor puro, de amor tan auténtico que todo les parece permitido, menos el pecado.
El amor de enamoramiento hace que las almas se acerquen unas a otras haciendo lo propio de los enamorados, es decir, atrayéndolas con lo propio del amor y nada más que con el amor.
El amor de enamoramiento produce en las almas tal belleza de pensamientos que las almas se contentan con obrar lo que piensan, sin pensar que eso que obran, a lo mejor, no es lo más adecuado en ese momento. Pero el que ama sólo sabe de amar, no de momentos adecuados.
Por eso, vivir enamorado es la etapa más feliz para el hombre, porque vive seguro de su amor, vive para el amor, vive pensando en el amor, vive sin saber que vive una felicidad que no es de este mundo.

La mujer debe entregar al hombre lo más íntimo de ella: su corazón.

El amor de una mujer hacia un hombre consiste en darle su corazón, porque la mujer que no da su corazón no se da a sí misma, sino que da otras cosas que no son amor.
Porque el amor está en el corazón y la mujer que guarda su corazón a un hombre, no lo está amando como ese hombre se merece, porque le niega lo más íntimo de ella, lo que hace a la mujer, mujer.
Y si la mujer da otras cosas al hombre, el hombre queda insatisfecho porque el hombre sólo penetra en la mujer a través del corazón, no a través de su sexo.
Su sexo es agradable de penetrar, pero el sexo no es amor, sino pasión, y entonces si una relación entre un hombre y una mujer se que da sólo en el sexo, se queda entonces en la pasión, no en el amor. Para que haya amor es necesario la entrega mutua de los corazones del hombre y de la mujer.
Esa entrega define lo que va a ser esa relación entre ese hombre y esa mujer. Porque la entrega se puede hacer de muchas maneras, pero siempre se entrega lo más íntimo de la persona. Y cuando se entrega entonces todo lo demás también se entrega, pero a su tiempo.
La entrega del corazón es algo tan precioso que sin esta entrega lo que hay entre un hombre y una mujer no vale nada. La entrega del corazón significa explicarle a la otra persona los motivos íntimos por los cuales se siente atraído hacia esa persona. Motivos que tienen que ver con su vida privada y su vida social.
En la entrega del corazón no es tanto las palabras a elegir para entregar lo que hay de más íntimo, sino el no esconder nada en esa entrega. Porque una mujer y un hombre deben darse totalmente, con todo lo que poseen, sin negarse nada, así tengan cosas que por ser intransferibles no caben en la otra persona. Pero todo se da a la persona que se ama, porque el que ama sencillamente lo da todo, aunque sepa que en ese dar haya cosas que no son para la otra persona.
Por eso, para la entrega del corazón es necesario que la persona haga acto de presencia en Dios y le dé a Dios todo lo que tenga y que Él haga de eso una entrega a esa persona que ama. Porque lo primero es la entrega del corazón a Dios para que todo vaya según la voluntad de Dios. Y Dios recibe esa entrega y la da a la persona que quiere unir en matrimonio para que esa persona la ame como Dios quiere.
Después, viene la entrega personal donde se realiza el intercambio de corazones entre los dos. Es una entrega muy sencilla, con palabras sencillas en que cada uno cae en la cuenta que es para el otro y que no puede vivir sin el otro.
Y esto hace que esas dos personas queden unidas en el corazón y para siempre, porque se unen con un amor eterno, irrompible, que nadie ni nada lo puede quitar.

El amor se conquista con amor

El amor de una criatura se conquista con sólo el amor, porque para estar en el corazón de un alma sólo se necesita aquello que es el corazón, es decir, amor.
Y el amor batalla por el amor, y el amor lucha por el amor, y el amor no descansa hasta no ver a su amor entre sus brazos.
Porque el amor necesita de la persona amada, necesita de su presencia, necesita tenerla en el corazón para que ese corazón le hable sólo de amor.
Porque un hombre o una mujer hacen el amor sólo en su corazón. Ahí se crea lo que después en la carne se produce. Pero si no se empieza en el corazón, después lo que se haga en la carne no tiene ningún valor.
Porque el amor Dios lo pone en el corazón de la criatura para que ésta ame a la otra persona desde ese amor del corazón. Y sólo desde ese amor del corazón se entiende lo que hay en un corazón.
Porque el lenguaje del amor es distinto al lenguaje de la razón. El lenguaje del amor nace del corazón y sólo el corazón lo entiende. Pero lo entiende no con palabras y razones, sino con gestos, con detalles, con obras sin importancia.
Porque esto es el amor de maravilloso, que en la nada, en la debilidad, en lo no importante, se realiza lo más amable que es el amor. Y el amor es amable porque une dos corazones que se aman sin más, que se aman porque se aman, que se aman y no le importan las dificultades para expresarse ese amor, así ese amor sea un amor prohibido para el hombre.
Pero el amor no entiende de esto. El amor será siempre amor allí donde el hombre todavía no lo capta. El amor no puede ser no amor así el hombre no lo capte. Porque el amor es siempre amor, a pesar de que no se pueda mostrar de una forma natural por las circunstancias de uno y de otro.
Y esto es la maravilla de un amor que nace del corazón y que se da desde el corazón a la otra persona. En ese dar el amor, el corazón habla a la otra persona de misterios que sólo se conocen en el amor. Y esos misterios son el alimento de todo amor.
Porque el amor vive de misterios, ya que él es en sí un misterio, algo que nunca se va a poder descifrar con palabras. El amor es algo tan maravilloso que sólo los que se aman descubren esos misterios en sus corazones y lo expresan en sus corazones.
Los que se aman con un amor del corazón entienden que el amor los llama por caminos sólo de amor, caminos incomprensibles para el hombre, pero totalmente inteligibles para sus corazones amantes uno del otro.
Porque en el amor todo se entiende, y sólo en el amor se comprende el camino a seguir. Sólo el amor señala la verdad de una vida que debe vivirse juntos y para siempre. Una vida que no tiene otro aliciente sino el amor; una vida que supera e mucho cualquier otra vida, porque la vida del amor es amor y nada más que amor.
Cuando el amor se vive en el corazón, entonces todo lo demás queda a un lado, porque lo demás es siempre lo demás, por más importante que sea, por más dificultades que traiga, por más dolores de cabeza que haya que soportar, lo demás no se equipara nunca a lo que es el amor.
El amor lo dulcifica todo, lo entiende todo, lo soluciona todo, porque el amor es así y no puede ser de otra manera. Sólo el camino del amor abre sendas de esperanza, puertas de salvación, lugares que nunca se han encontrado. Porque el amor es de tal calidad que pone sólo calidad de vida allí donde nada más que hay tibieza y relajamiento de una vida sin amor.
Porque el amor es tan maravilloso que hace engrandecer a la persona que se ama. La eleva a sitios encumbrados sólo por el amor. Hace que esa persona ocupe un lugar en nuestra vida que no lo ocupan los demás o las otras cosas.
Porque el amor lo supone todo en aquel que quiere amar sin condiciones, en aquel que se entrega al amor para hacer feliz a una persona toda la vida. Los que así se aman descubren la belleza del amor, la hermosura del amor, la autenticidad del amor en todo lo que realizan, así sean las cosas menos importantes de su vida.
Pero los que se aman en el corazón sólo buscan amor para entregárselo uno al otro. No buscan otra cosa, no necesitan de otra cosa, sólo de amor, y de amor de tal calidad que con sólo el amor se basta para vivir.
Porque lo que da vida a la existencia humana es el amor, y sin este amor nada de cuanto se puede hacer y realizar tiene un sentido específico. Tiene un sentido sólo en Dios, pero no en la criatura. Porque si el amor procede de Dios, entonces el amor hace que dos personas se junten en Dios y vivan para Dios y todo cuanto hagan lo hagan de cara a Dios. Y es en Dios y sólo en Dios cómo todo lo demás que se hace tiene su valor.