El hombre y su función

Si el hombre no busca a la mujer por amor, entonces la busca en la carne. Y entonces el hombre deja de entender que ha sido creado para amar.

Dios quería del hombre el amor, pero para eso creó a la mujer. Porque el hombre no era amor, sino que él tenía otra función.

En él Dios puso la vida, pero esa vida no podía comunicarla a nadie. Y entonces Dios creó a la mujer para que el hombre pudiera dar esa vida a la mujer.

Pero el plan de Dios era que esto fuera hecho por amor. Pero el hombre no comprendió los designios divinos. Y entonces pecó con la mujer. Es decir, se unió a ella carnalmente, pero sin amor. Desde ese momento, el hombre busca a la mujer siempre movido por el deseo de la carne, no por el amor.

En el plan de Dios, el hombre estaba destinado a dar la Palabra de Dios. Por eso, en el hombre predomina la razón, la inteligencia, el saber. Pero esto con el pecado hizo del hombre un ser soberbio, orgulloso, presuntuoso. Y, por eso, el hombre no sabe amar porque se guía desordenadamente por su razón. Y lo que dicta su razón eso hace. Y lo que no dicta su razón, eso no lo hace. A esto se le llama soberbia. Y entonces en la soberbia, el hombre no puede amar, porque es guiado por el desamor.

El hombre fue creado por Dios para la mujer. Pero la mujer, en el plan de Dios, era el amor. Ella no es la razón. En ella no predomina el saber. Esto no significa que ella carezca de inteligencia. La tiene. Pero en ella predomina el amor. Y el amor da una inteligencia superior a la que se adquiere con la razón. Por eso, la mujer comprende más que el hombre. Y está más en sus cabales que el hombre.

El amor es la inteligencia del espíritu. Y esto significa que quien ama es guiado por Dios en su espíritu. Ya no es guiado por la razón, sino que la razón aprende las cosas por medio del espíritu. En su espíritu humano recibe el hombre de Dios la enseñanza para que se mueva según lo quiere Dios.

Por eso, la fe está en dejar de razonar y en ser enseñados por Dios en el espíritu. Este es el paso que todo hombre debe dar si quiere caminar seguro en medio de esta oscuridad. Porque solemos guiarnos en todo por la razón. Pero esa razón no está iluminada por la fe, es decir, por el Espíritu divino. Y el hombre se pierde inevitablemente. Porque con la razón no capta ciertas cosas de él mismo, sino que en él se producen oscuridades que la razón no puede resolver.

En la cuestión sexual, la razón no entiende algunas cosas porque la razón no penetra en el espíritu.

El sexo es algo espiritual. Es decir, el cuerpo tiene un sexo, unos órganos sexuales. Pero estos órganos son en función de lo que hay en el alma de la persona humana.

El hombre está en una carne masculina. Sus órganos genitales son porque el hombre es hombre en el espíritu. Entonces, en los órganos genitales del hombre se encuentra el semen. El semen es la vida que Dios ha puesto en el hombre para formar otras vidas. Este semen se da a la mujer de una forma no común. Es decir, para darla el hombre debe penetrar a la mujer y derramar allí, dentro de ella. De esta forma, el hombre da la vida que Dios le ha puesto, y la mujer recibe esa vida para que nazca de esa unión un hijo.

Este proceso requiere que el hombre sea hombre, y la mujer, mujer. Es decir, en el hombre está la vida. Luego, el hombre es vida. La vida es siempre activa, nunca está muerta. Por eso, al hombre le gusta más estar en movimiento, estar en activo. No le gusta estar pasivo, sin hacer nada.

Pero al hombre le gusta la actividad de diferentes maneras, pero siempre utilizando su mente. Con su mente, el hombre penetra en las cosas. Su sexo penetra. También su mente. Por eso, en el hombre está la razón que penetra. La razón que analiza, que sistematiza las cosas. La razón que crea, la razón que organiza. Esto es el hombre en lo espiritual. Y en lo carnal, refleja lo que es el hombre. Antes está lo espiritual, después lo carnal. Dios crea el cuerpo del hombre según es el hombre en el espíritu.

Cuando el hombre penetra con su razón las cosas, pero movido por el amor, entonces el hombre está amando, porque está dando la verdad. La razón es guiada por el amor hacia la verdad. El hombre descubre la verdad y la manifiesta. Y en esto está amando.

Con su sexo hace lo mismo. Cuando el hombre penetra a la mujer con su sexo movido por el amor, entonces está amando a la mujer. Si lo hace sólo movido por el deseo carnal, entonces no la ama, sino que la usa como objeto de carne.

Y cuando el hombre penetra con su razón las cosas, pero movido por otros intereses, no por el amor, entonces el hombre ya no da la verdad, sino que obra la mentira.

Esto es el hombre. Y debe entenderse de esta manera para que él aprenda a usar de su sexo como conviene al hombre.  Sin este uso correcto, el hombre sólo se pierde en el laberinto carnal, porque va a utilizar su sexo para el mal. El hombre está más dispuesto, por el pecado, a usar del sexo de forma desordenada. Porque tiende a penetrar. Y entonces lo quiere penetrar todo: mujeres, hombres, animales.

Esta es la encrucijada del hombre que se desconoce a sí mismo. Muchos hombres perecen en el sexo porque desperdician la vida que Dios ha puesto en ellos. No acaban de comprender esa vida. Es una vida sagrada, porque todo cuanto Dios crea es sagrado, es algo santo. El hombre y la mujer, en el sexo, son recintos sagrados en donde se va a formar una nueva existencia. Ese nuevo hijo tiene un alma creada por Dios. En ella va a vivir Dios de una manera excepcional. ¡Y cuántos matan esa vida por no entender bien para qué sirve el sexo!

Si el sexo sólo se usa por placer, entonces el hijo no tiene ninguna relevancia. Es algo que molesta. Y, por eso, se le aborta.

Pero si el hijo tiene su valor como fruto de lo que Dios ha puesto en el hombre y en la mujer, entonces la persona humana adquiere el valor de lo sagrado. Porque donde está la vida, allí está la perfección del amor. Y esta perfección apunta a la santidad de Dios. Dios es santo porque es Amor. Pero Él no puede crear nada sin imprimir en lo que crea el sello de su santidad. Por eso, el aborto es un crimen que va contra el amor de Dios, ya que destroza lo sagrado que Dios ha puesto en el hombre y en la mujer.

El cuerpo humano y la persona humana

En el campo sexual las almas deconocen muchas cosas que le conciernen a sus cuerpos.

El cuerpo está hecho para esconder el alma. Pero el cuerpo tiene otra función: es la de traer hijos al mundo. De otra forma no se podrían traer.

El sexo es el centro de la persona humana, porque en el sexo Dios ha puesto el mecanismo de la persona. La persona nace con un sexo, es decir, nace según ese sexo. Y, por eso, nadie puede ser de otro sexo diferente del que ha nacido. La maldad del hombre quiere concebir hoy día hombres y mujeres en laboratorio. Quiere cambiar los sexos. Y eso es imposible. Aunque se cambie exteriormente el sexo, la mujer sigue siendo mujer y el varón, varón.

La persona humana es lo que es según el sexo con que nazca. El hombre nace con su sexo. Y ese es el centro de la persona humana en el hombre. Su sexo: su pene, sus testículos, etc. Si esto falta por un trasplante, el hombre no deja de ser hombre, porque el sexo significa que marca al alma en lo que es según el cuerpo. El hombre es hombre por su sexo y nunca va a ser mujer porque no tiene los órganos propios de la mujer, aunque en el laboratorio se pueden crear más o menos, pero nunca será mujer. Si el hombre no acepta su sexo, nunca será persona humana. Porque no quiere asumit lo que es.

El hombre no puede ser mujer. Ni la mujer, hombre. El centro de la mujer es su sexo. su vagina, su aparato para reproducir nuevas vidas, etc. Y la mujer debe aceptar su sexo para ser mujer y, por tanto, persona humana.

La persona humana se reconoce por su sexo.  Y sin sexo, no existe la persona humana. La persona humana es una persona con un cuerpo, ta sea de hombre, ya sea de mujer. La persona divina es una persona sin cuerpo, sólo con espíritu. La persona angélica es una persona sin cuerpo, sólo con naturaleza angélica.

Un hombre no puede ser Dios ni ángel. Pero Dios puede ser Hombre, como lo es en Jesús. Porque Dios puede hacer esto.

Un hombre no puede ser ángel. Pero un ángel puede vestirse de hombre. Pero sólo aparecer con un vestido de hombre para que así el hombre lo vea.

El hombre que no quiere ser hombre es lo más opuesto al hombre. Y la mujer que no quiere ser mujer es lo más opuesto a la mujer.

El hombre es hombre porque tiene cuerpo de hombre. Eso es el centro del hombre. La mujer es mujer porque tiene cuerpo de mujer. Este es el centro de la mujer.

Y cuando el hombre quiera ser mujer y la mujer, hombre, entonces perdieron lo que son: persona humana.

La persona humana tiene un cuerpo humano. Este cuerpo es para ella, no para otra persona. De ahí que no exista la reencarnación. Hay un cuerpo para un alma. No hay un cuerpo para muchas almas.

El cuerpo está hecho para una sola alma. Ese alma recibe un cuerpo de hombre o de mujer, según lo que Dios ha creado.

Dios crea un alma masculina o un alma femenina. Es decir, Dios crea un alma para un cuerpo masculino o un alma para un cuerpo femenino.

El alma es siempre alma, pero el alma necesita un cuerpo. El alma no puede estar sin cuerpo. Y el alma está en su cuerpo. No puede estar en otro cuerpo diferente al suyo.

Estas cosas tan elementales que estamos diciendo, hoy día no se tienen como tales. Simo que hay mucha confusión y, por eso, se llegan a decir auténticas barbaridades en este tema.

Por ejemplo, el matrimonio sólo puede ser entre hombre y mujer. No existen otros tipos de matrimonios: entre hombre y hombre; entre mujer y mujer; entre hombre y animal; entre mujer y animal, etc. Si existen es sólo porque el hombre es malo. Es por su pecado, no porque en realidad se den.

El cuerpo del hombre está hecho para el cuerpo de la mujer. Y al revés. Pero el cuerpo del hombre no es para el cuerpo de otro hombre. Y el cuerpo de la mujer no es para el cuerpo de otra mujer.

El hombre y la mujer están hechos para sí. Es decir, un hombre es para una mujer. Y una mujer es para un hombre. Es por eso que el matrimonio siempre ha existido, desde que el hombre es hombre. Pero el hombre no lo ha comprendido.

Dios creó a Adán y a Eva. Creó un hombre y creó una mujer. No creó un hombre y después otro hombre. Primero creó un hombre y después a la mujer.

Luego, el hombre se va a unir a la mujer porque encuentra en ella lo que le hace falta a su cuerpo humano.

El cuerpo del hombre está incompleto. Necesita otro cuerpo para ser feliz. Es el cuerpo de la mujer.

El cuerpo de la mujer está incompleto. Necesita el cuerpo del hombre para estar en la verdad plena referente a su sexo.

El sexo masculino es una verdad, pero no toda la verdad sobre el sexo. Al igual, el sexo femenino.

El hombre no se realiza plenamente sin la mujer. Y la mujer no alcanza su perfección sin el hombre. Por eso, la maravilla del matrimonio. Es la maravilla de la perfección humana.

El hombre necesita siempre casarse con una mujer. No puede estar sin mujer. Al igual, la mujer. No puede estar sin hombre.

Pero este casarse se puede entender de dos maneras. Hay un matrimonio físico, carnal. Y otro espiritual.

La media naranja que se dice es para conseguir un hombre o una mujer para un matrimonio físico. Pero también existe la media naranja en lo espiritual.

Un hombre, aunque no se case, necesita de una mujer. No para constituir una familia, no para acostarse con ella. Es porque así ha hecho Dios al hombre: él es infeliz si no tiene a una mujer, incluso en lo espiritual. En este caso, el hombre encuentra la mujer, pero para el terreno espiritual, no para el terreno carnal. Por eso, existe el matrimonio espritual.

Porque una mujer nunca puede estar sola en el campo religioso, ni un hombre. Necesitan el uno del otro.

Lo que el hombre encuentra en el cuerpo femenino para su carne, así también en el alma femenina lo encuentra para su espíritu.

Y lo que la mujer encuentra para su carne en el cuerpo masculino, también para su espíritu lo encuentra en el alma masculina.

Pero este tema será tratado con más profundida después.

Ahora lo que importa que se entienda es que el sexo es el centro de la persona humana. Y sin sexo no hay persona humana. El hombre se degrada a otra cosa. Ese es el trabajo del demonio en el hombre.