El orgasmo en la mujer

Una mujer en la cama necesita un hombre que la trabaje. Así, en el trabajo del hombre, la mujer puede llegar a su orgasmo. Con frecuencia, es el hombre el que alcanza su orgasmo antes que la mujer y ésta queda insatisfecha.

La mujer necesita que el hombre la penetre para que su vagina comience a crecer y llegue a un punto en que es necesario otra cosa del hombre.

El hombre acostumbra a penetrar, pero no siempre sabe penetrar. Hay que saber en cada momento lo que se necesita en la penetración.

Al principio, la penetración tiene el sentido de agrandar la vagina. Una vez agrandada, la penetración tiene el sentido del placer de la mujer. Por tanto, en este punto, el hombre ha de ir más lento en su penetración y más profundo en la vagina.

Ya no hay que penetrar para poder entrar. Ahora, se está dentro y se debe buscar el placer en la mujer. Ahora, hay que ir despacio, como saboreando el lugar de la vagina, sin tener prisa ni por entrar ni por salir. Hay que ir tocando los diferentes puntos de la vagina con el pene. Hay que levantar la vagina con el pene. Hay que penetrar hasta el fondo de la vagina, hasta que los huevos toquen a la mujer y ahí levantar la vagina, tocar su parte delantera por dentro. De esta foma, la mujer empieza a ver su orgasmo, en lo que hace el hombre.

La vagina de la mujer está hecha para dar forma al pene del hombre. Ella lo mete dentro y hace bailar al homnbre al gusto de ella. Así, toda mujer puede llegar a su orgasmo. El hombre tiene que esperar a derramar. Para eso, no puede ir como al principio, rápido. Tiene que ir lento en su penetración y como dándose cuenta de lo que quiere la mujer.

De esta forma, los dos quedan satisfechos en la relación. No sólo el hombre en su orgasmo, también la mujer en la delicia de su vagina.

El amor de una pareja nace de la mujer siempre

La mujer es amor. Y eso significa que Dios ha puesto en ella un don que hace que la mujer sea siempre amor. Pero el amor es distinto al deseo carnal.

El deseo carnal es buscar la carne, el placer carnal por el mero placer. No se busca a causa del amor, sino porque se quiere sentir en el cuerpo un placer en la carne.

El contacto de la vagina con el pene produce en la mujer un deseo carnal que hace que la mujer sienta cierto calor en su vagina. Ese calor produce en ella una segregación de líquido. En esa segregación, la vagina se prepara para recibir el esperma del hombre.

La penetración del varón en ella hace que la mujer desee el sexo del hombre. Una mujer carnal piensa siempre en la penetración. No puede captar el amor, porque tiende siempre a usar su carne y la carne del hombre como un objeto. No la usa movida por el amor. No la usa con amor, porque se centra en el deseo carnal.

Para diferenciar una cosa de otra es necesario primero estar con Dios y ser enseñados por Dios a amar. Muchas mujeres no poseen a Dios y preparan sus matrimonios al margen de Dios. Entonces esos matrimonio fracasan, porque están cerrados al amor.

Si la mujer no se abre al amor de Dios, es imposible que el hombre lo haga. El hombre no sabe amar. El hombre recibe el amor de una mujer. Si la mujer no se lo da, el hombre no ama. Esto debe entenderse de esta manera: el amor en una pareja nace de la mujer siempre. Según se comporte la mujer con el hombre, así será la relación entre la pareja. Si la mujer es espiritual, entonces va a encaminar a su marido hacia lo espiritual. Pero si la mujer es carnal, todo se quedará en la carne, porque el hombre buscará a su mujer según lo que es ella, según lo que ella le dé. Si ella le da amor, el hombre captará el amor en ella. Si ella le da carne, el hombre se comportará con su mujer como carne. Por eso, muchos hombres son carnales porque así son sus mujeres. Si la mujer desde el principio del noviazgo trata al hombre, no carnal, sino espiritualmente, entonces estará comportándose con él como ella es: como amor. Y el hombre la respetará en su cuerpo y no se acostará con ella antes del matrimonio. La mujer debe enseñar esto al hombre desde el primer encuentro con él. Si en este primer encuentro, la mujer se insinúa a él carnalmente, entonces el hombre la va a usar siempre como carne y no la va a respetar.

Ya en el matrimonio, la mujer debe seguir enseñando al hombre a amar. Porque el hombre en su sexo tiende siempre al deseo carnal. El deseo carnal en el hombre significa penetrar y derramar. Esto es el hombre en su sexo. Esto es lo que busca todo hombre cuando se encuentra con una mujer. El hombre no entiende de delicadezas, de cariño, de amor. El hombre se convierte en una bestia cuando está en la cama con una mujer. Si la mujer no le enseña a usar el sexo con amor, el hombre lo usará siempre como carne. Por eso, tantos hombres en matrimonios católicos que todavía no han aprendido la lección del amor. Y buscan en la relación con su mujer siempre saciar de una forma o de otra su placer carnal. El hombre si no derrama no estará satisfecho cuando está con una mujer. Por eso, el hombre es tan egoista con la mujer en la relación sexual con ella.

Pero la mujer en la cama es otra cosa.  A ella también le gusta la penetración. Pero le acaba cansando una vez que comprueba que allí no hay amor, sino carne. La mujer capta en seguida si el hombre hace el sexo con ella por amor o por deseo carnal. Ella, como es amor, sabe lo que es la delicadeza del amor, los intereses del amor, el cariño del amor. Y cuando no lo siente en su hombre, entonces queda decepcionada y con un vacío. Ella da amor al hombre, pero no recibe amor. Y entonces queda confusa y perpleja.

Muchas mujeres deben comprender que Dios las hizo con este don del amor. Hay mujeres que sabiendo esto, sienten hacia algunos hombres como una atracción sexual. Esta atracción sexual es más fuerte que su fuerza espiritual, que está en ellas. Y entonces caen con ese hombre en la carne. Pero en su interior sienten la fuerza del amor y quieren a ese hombre con un deseo puro del amor. Pero ese deseo ya está mezclado por la caída en la carne. Entonces, ellas deben dejar la carne para rectificar y purificar el deseo que hay en ellas del amor. Si no hacen eso, la carne será más atrayente que el amor. Y entonces se harán carnales y morirá el amor en ellas.

La mujer en su relación con el hombre siente dos atracciones: la sexual y la del amor. Por la primera, la mujer desea la penetración. Pero por la segunda, la mujer desea amar de verdad a ese hombre. Si esta segunda fuerza es más fuerte que la primera, entonces la mujer esperará al matrimonio para acostarse con ese hombre. Pero si el deseo carnal es más fuerte que el amor, entonces inevitablemente caerán en la carne.

Una mujer debe ser fuerte en el amor para dominar la atracción sexual. Pero si la mujer no está con Dios, es imposible hacer esto.

La mujer da su corazón al hombre; el hombre, su mente.

El amor entre un hombre y una mujer es lo que une a la pareja. Sin este amor, todo lo demás se queda en la carne o en lo material. Luego, todo consiste en saber qué es el amor, cómo una mujer ama a un hombre, y cómo un hombre ama a una mujer. Y saber diferenciar esto del deseo carnal.

 Una mujer ama a un hombre cuando le entrega su corazón. Pero su corazón es algo tan delicado que sólo una mujer lo conoce. Y cuando lo entrega a un hombre le da lo que es ella misma. La mujer se da al hombre cuando le entrega su corazón.

Cuando la mujer sólo le ofrece la carne, entonces esa mujer se esconde ante el hombre. No le da lo que es ella, sino que le da lo que el hombre apetece.

Pero cuando la mujer dona al hombre su corazón, entonces el hombre percibe un algo distinto en esa mujer. Ya no la siente como carne, sino que siente que se irradia de esa mujer una fuerza que le atrae hasta ella. Es una fuerza distinta a la fuerza de atracción que toda carne ejerce. Es una fuerza espiritual. Es la fuerza del amor.

Pero la mujer debe hacer entrega al hombre de su corazón para que se dé esta fuerza. Si la mujer no hace esto, entonces no se da nada entre hombre y mujer. Sólo se dará carne. Y esto se acabará con el tiempo.

Como el amor es eterno, así será la pareja que se une en el amor: eterna. Pero si se une sólo en la carne, tarde o temprano todo eso se acabará, porque la carne es limitada y finita. Acaba cansando. Lo que permanece es el amor. Y el amor dura porque Dios nunca muere. Y Dios es Amor. Y los que se aman en el amor de Dios duran para siempre. Por eso, el matrimonio es para siempre, porque une al hombre y a la mujer el amor de Dios eterno.

Un hombre ama a una mujer cuando hace entrega de su mente. La mente del hombre consiste en dar la verdad, en obrar la verdad, en ser verdad. Todo hombre que se precie es recto en el pensar. Siempre estará buscando la verdad, porque Dios lo ha hecho para esto. A la mujer, Dios la ha hecho para amar. Al hombre, para dar la verdad. Cuando un hombre se pone en la verdad y busca a la mujer para darle la verdad, entonces está amando a la mujer. Pero cuando el hombre busca a la mujer para sólo el deseo carnal, entonces el hombre es mentira y se pierde en la carne.

Para que el hombre dé su mente a la mujer es necesario que ese hombre esté con Dios. Si está alejado de Dios, ese hombre al darse a la mujer siempre buscará en ella lo carnal, pero no se dará a su mujer. Cuando el hombre se da a una mujer, entonces busca la verdad de ese encuentro con esa mujer. Quiere llegar hasta las últimas consecuencias. No quiere quedarse sólo en un rato de carne, o en una noche de éxtasis carnal. Quiere cosntituir con esa mujer una verdad, una familia. Y no le importa las consecuencias ni las dificultades de esa unión con esa mujer.

Por eso, cuando una pareja antes de casarse por la Iglesia, se acuesta para probar si valen o no valen para el matrimonio, están yendo contra lo que es propio de la mujer y del hombre. Van en contra del amor y en contra de la verdad.

En contra del amor, porque la mujer que se acuesta con un hombre fuera del matrimonio, hace a ese hombre infeliz, porque no la ama y no le ayuda a buscar el amor. La mujer tiene que enseñar al hombre lo que es el amor. Pero una mujer carnal nunca enseñará ningún amor al hombre. Sólo le enseñará un cuerpo y las diferentes posturas para producir más placer al cuerpo.

La mujer ama cuando da su corazón al hombre. Dar su corazón significa dar lo que es ella. Y ella es sólo amor. Por eso, cuando una mujer está apartada de Dios, no puede dar ni su corazón ni su amor a ningún hombre. Porque el amor procede de Dios. Y si la mujer ama es porque Dios ama en ella.

Muchas mujeres son carnales porque viven de espaldas a Dios. Por eso, no se conocen ni conocen lo que Dios quiere de ellas.

Y muchos hombres son carnales porque viven para sí mismos. Y esto hace que ellos obren siempre la mentira. Por eso, van en contra de la verdad.

La belleza espiritual de la mujer

La mujer está hecha para amar, porque Dios ha puesto en ella el amor. Amor significa hacer de la mujer un ser que busca el bien para los demás.

La mujer busca el bien de traer un hijo a la vida. Es un bien, no de ella, sino de esa persona que va a nacer.

La mujer busca agradar a su marido contentándole en todas las cosas. Es un bien para su marido, no para ella.

La mujer busca el bien de su familia, cuidando a sus hijos y educándoles en la religión católica, dándoles la fe y el amor de Dios. Esto hace la mujer porque es amor.

La mujer hace  esto sin esfuerzo, porque la mueve Dios a hacer esto. Esto no significa que la mujer en este amor no busque un placer corporal. Tambíén lo busca, pero movida por el amor.

La mujer ama. Todo su cuerpo es para manifestar el amor. Su alma es amor, su corazón es amor. Pero la mujer debe conocer que es amor. Si no lo conoce, entonces la mujer se pierde en su belleza corporal.

Muchas mujeres creen que para amar a un hombre hay que enseñar su cuerpo al hombre. Y esto es un engaño. Porque la mujer que enseña su carne no movida por el amor entonces es carne y no amor.

De esta manera, muchas mujeres se pierden en el encanto de sus senos y de su vagina, en la belleza de su cuerpo, en su delicadeza, en presentarse apta para ser manoseada por el hombre. Muchas mujeres son objetos para los hombres, pero por causa de las mismas mujeres, no por el hombre que utiliza mal su sexo.

La mujer, cuando no conoce lo que es, ella misma se hace objeto sexual. Ella empieza lo que después el varón continúa en el sexo con ella.

La mujer que confunde el sexo con el amor hace del amor algo carnal. Y el amor es siempre algo espiritual, que no puede ser captado por la carne, pero que la carne puede servir de instrumento para revelar ese amor.

El amor nace en Dios, pero la mujer lo posee porque Dios se lo ha puesto en ella.

En su cuerpo, el amor se manifiesta en su vagina. En ella, el amor crea un espacio para el amor. Cuando la vagina alberga el pene, lo está amando. Cuando la vagina mueve el pene, lo está amando. Cuando la vagina recibe la vida que está en el sexo del varón, entonces lo está amando.

Cuando la vagina hace que el hijo nazca en ella fruto de su contacto con el hombre, está amando al hombre que entregó el semen y al hijo que fue concebido.

Y cuando la vagina se abre para dar a luz a ese hijo, entonces la mujer ama en su centro, porque es madre.

La mujer es siempre madre, aunque no tenga hijos.

Es madre, porque está hecha para eso.

La madre es la que ama. Y una madre no puede nunca no amar. Hay en ella un algo que la mueve siempre a amar, a ser un bien para los demás.

La mujer es amor, pero un amor espiritual.  Su belleza espiritual es la belleza del amor que vive en ella. Y esa belleza espiritual se transmite a su cuerpo. Y por eso, su cuerpo es bello, porque bello es el amor.

Es un amor que Dios pone en lo más íntimo del corazón femenino, y que la penetra en todo su ser.

La mujer es amor porque Dios la ha hecho así.

No es la mujer razón, como lo es el hombre.

La mujer no le gusta pensar sino que le gusta intuir, porque esto es lo que hace el amor: ve sin más, contempla sin razonar. Y por eso, la mujer comprende más que el hombre que sólo razona. Porque su conocimiento nace del amor, no de la razón.

Es lo propio del amor: el amor intuye, no razona.

El hombre razona, y por eso no ama y le cuesta amar. Le cuesta ver y contemplar las maravillas de Dios a su alrededor, porque se pierde en sus razones.

Pero la mujer ama porque ama. Ama porque ve. Ama porque contempla la verdad.

Pero qué pocas mujeres son así, porque el mundo, el demonio y la carne la tiene engañada en aquello que no es amor.

La mujer se empeña en ir contracorriente, en ir contra ella misma. Y se pierde.

La mujer se encuentra en sí misma. cuando quiera asumir lo que hay dentro de ella, entonces havrá comprendido lo que Dios quiere de ella.

La mujer ama sin dejar de hacer el bien a los demás. No así el varón. El  varón para amar necesita pensarlo dos veces y, por eso, deja de hacer un bien.

Pero la mujer esencialmente es amor. Y nadie puede quitarle eso que tiene. Y cuando la mujer descubre el amor, entonces su belleza se transforma en realidad.  Ya no es la belleza física la que impera, es la belleza del amor la que se irradia por todo su cuerpo. Y entonces, la mujer cuando así ama, no produce en el hombre que la mira ninguma turbación, porque éste la contempla en su verdadero rostro: el del amor.

Por eso, se puede mirar a una mujer que ama, sin pecar, porque lo que se contempla no son sus formas físicas, sino el amor que fluye por todo su ser.

Pero pocos hombres saben captar esta belleza porque sus ojos están habituados a ver y desear lo carnal y no a intuir el amor en la belleza física de una mujer.

Una mujer desnuda es la expresión del amor divino. Pero hay que mirarla buscando este amor divino. si no se la mira así, se peca.

Y todavía no ha habido una mujer que se desnude para dar al mundo su amor, porque no ha habido una mujer que conoaca lo que es ella.

Hubo una que fue la Virgen María, pero Ella no enseñó su cuerpo al hombre por el pecado.

Es por eso, que ahora no es lícito ver a la mujer desnuda si Dios no actúa en el hombre. Pero esto es una cosa extraordinaria que Dios suele hacer de vez en cuando.

La mujer es amor. Y este amor nunca se ha entendido ni por el hombre ni por la mujer.

Para entenderlo, la mujer debe ser guiada por el mismo Dios para descubrir en ella el amor. Sin esta guía, ninguna mujer descubrirá nunca la belleza de lo que es.

Ella es de tal belleza que el hombre se quedaría boquiabierto al contemplarla. Pero esto se le niega al hombre en este mundo porque no quiso desde el principio contemplar así a la mujer. Quiso el pecado con ella, quiso el contacto carnal fuera de la voluntad de Dios, quiso penetrarla con su sexo para desbaratar el plan de Dios. Y por eso el castigo del hombre consiste en mirar a una mujer y pecar cuando la mira, porque es lo que quiso hacer siempre: pecar con la mujer, no amar su amor.

Si no hubiera sido así, entonces el hombre descubriría en la mujer otra realidad, le espiritual, marcada por el amor. Y el hombre se le caería la baba contemplando en el cuerpo femenino el amor de Dios.

La relación de pareja

La relación sexual entre hombre y mujer se debe entender en Dios. Porque lo que Dios ha puesto en el cuerpo humano son dos formas distintas de amar.

El hombre ama penetrando con su sexo el sexo de la mujer. Y la mujer ama recibiendo y dando el amor.

Pero la mujer recibe el amor, no del hombre, sino de lo que Dios ha puesto en ella. Su sexo significa amor. La vagina de la mujer es el sitio para albergar el pene del varón. Esa vagina es un espacio abierto que contiene todo lo imprescindible para realizar el acto sexual.

El pene se desarrolla y vive en la vagina. Fuera de ella, el pene no tiene lugar, porque ha sido creado por Dios para la vagina.

La vagina es el lugar donde la mujer ama al hombre. Lo ama en su carne. Lo ama dejándose introducir en ella el pene. Cuando esto hace, la mujer da al varón lo propio que éste busca: el placer.

El pene encuentra el placer sólo cuando la vagina lo acaricia y lo mueve. Y entonces el pene está en su sitio, en su centro. A través del pene elvarón siente que su miembro se estira para alcanzar el orgasmo.

El orgasmo nada más que es la culminación del placer sexual. Es lo propio que busca el hombre: derramar, sentir que se derrama dentro de la mujer. Y así él ama. Él no sabe amar de otra forma, sino de ésta: penetrando. Cuando el hombre no penetra a la mujer,  se queda insatisfecho como si le faltara algo. Cuando la penetra, ha llegado al colmo de la felicidad.

Este amor del hombre es egosita en este sentido: busca el placer para él. Por eso, muchos hombres dejan insatisfechas a sus mujeres, porque no buscan el placer para la mujer.

La mujer también llega al orgasmo, pero de una forma diferente al varón. La mujer en su vagina tiene un punto que debe ser tocado por el varón para que ésta alcance el orgasmo. Muchos hombres no conocen este punto, y en su penetración son egoistas.

Para que la mujer llegue a este orgasmo, es necesario que ela esté encima del varón y mueva su pene con su vagina, buscando el punto del orgasmo. Esto se requiere porque sólo la mujer conoce ese punto y sabe conducir el pene hacia ese punto. Esto puede hacerse de otra forma: la mujer echada y el varón introduciendo sus dedos en la vagina. Pero esto no es lo indicado, porque es el pene el miembro para la vagina, no los dedos. Y esto se puede volver muy peligroso para la mujer, porque puede introducir otras cosas en su vagina para conseguir el orgasmo fuera de la relación de pareja.

El sexo es el centro del hombre. Un hombre o una mujer que no conozca su sexo está fuera de su centro. Se mueve en otras coordenadas. Muchos hombres no conocen lo que es su sexo. Ellos creen que deben masturbarse porque su sexo es así, apto para alcanzar este placer fuera de la mujer. Pero esto va contra su sexo. Porque el pene aborrece estar fuera de la vagina. El pene es para la vagina. La vagina es quien l0 mueve y quien le hace alcanzar el orgasmo.

Muchos hombres creen que sus testículos están hechos para estar vacíos. Y, por eso, continuamente se masturban o tienen relaciones con mujeres. Creen sentirse bien cuando están vacíos, porque creen que la carga de semen es como un impedimento para su salud corporal, moral y espiritual. Y esto es un engaño. Porque el semen es la vida que Dios ha puesto en el hombre. Y donde está la vida está la salud. Un hombre cargado de semen es un hombre lleno de vida. Un hombre sin semen es estéril. Por eso, la relación sexual tiene valor cuando el hombre descarga todo su semen en la mujer en varias tandas. Porque no se descarga todo de una vez.  En una relación sexual, el primer contacto es rápido, porque el hombre está lleno. Pero los diversos contactos que se tienen durante esa relación sexual en una noche se van espaciando. De esta forma, el hombre descarga todo y tanto el hombre y la mujer alcanzan el orgasmo y son felices en su relación.

Las parejas solamente en su relación sexual tienen un primer contacto y después no siguen. Es un error. Cuando se tenga la relación sexual, es para disfrutar del sexo mucho tiempo hasta quedar satisfecho. Si no la relación de pareja se va distanciando y al final se deja porque ellos no han sabido amarse como conviene a su sexo. La mujer tarda más en llegar al orgasmo. Por eso, es necesario varios contactos en una misma noche hasta que ella llegue a su orgasmo. Para eso, el hombre debe estar disponible a que su mujer utilice su pene para encontrar el placer en ella. Ella debe aprender a usar el pene en su vagina. Debe introducirlo hasta el fondo y dejarlo ahí y cubrir con los labios de su vagina los testículos del varón. Entonces, en esa forma, mover el pene en su vagina, para encontrar el punto. Esto se debe hacer así para que ella entienda su vagina.

Su vagina alberga el sexo del hombre, todo su sexo. Está hecha para eso. Pero una mujer que sólo se deja penetrar pero que después no juega con el pene, no conoce ni su vagina ni el pene. El sexo hay que conocerlo bien para que en la relación sexual cada uno haga lo que tiene que hacer. El hombre penetra en la mujer. Pero ésta coge su pene y hace con él muchas cosas en su vagina para que ambos se sientan felices.

No importa que al principio de la relación sexual se produzca el derrame pronto. Eso es normal en el hombre que está cargado de semen. Lo que importa es que continuen en el sexo hasta quedar ambos satisfechos. El varón: vacío de todo semen y, por ello, alcanzando su orgasmo predilecto, que es cuando se produce al derramar todo lo que hay en él. El hombre que llega al final de su semen encuentra mayor placer en su acercamiento a la mujer. Y la sabe amar de otra forma, ya no con lo propio de la carne, penetrando y derramando, sino también siendo delicado con su mujer, sabiendo que ella también necesita de ese placer.

La mujer debe considerar que todos los problemas en la relación sexual con el hombre parten de ella. Si la mujer se habitúa a ser penetrada y a no hacer nada más, entonces esa relación se vuelve sosa, estéril, hastía, porque no hay amor que lleve la carne al placer. Pero si la mujer pone en práctica lo que hay en ella, que es amor, entonces todo se hace bien, porque es el amor el que mueve el sexo.

Muchos hombres y mujeres se unen sólo carnalmente, sin amor. Y, por eso, sus relaciones sexuales se convierten sólo en darse un placer en la carne buscando muchas cosas y muchas posturas. Éstas pueden ser válidas pero si actúa el amor. Pero si no hay amor, entonces el sexo se hace a lo bruto: penetrando por penetrar y derramando por derramar. Hay que penetrar por amor y derramar por amor. Si no hay amor, entonces no hay nada.